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Voluntourism _ texto: Claudia Itzkowich _ fotos: WWOOF

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La búsqueda de experiencias no es nueva. Sin embargo, viajar para poner en práctica nuestra fuerza de trabajo y utilizarla como moneda de cambio se está volviendo una práctica generalizada.

Pocos de nosotros –entes urbanos de nacimiento– podemos elegir entre vivir en el campo o en la ciudad. Ahora, redes como wwoof (World Wide Opportunities On Organic Farms), que pone en contacto a granjas orgánicas con “campesinos voluntarios”, permiten no solo ir y vivir la experiencia de trabajar la tierra con tus propias manos, sino también viajar a los cinco continentes sin necesidad de pagar hotel.

El interés por los productos sanos, frescos, de temporada y cultivados por trabajadores tratados con dignidad es el contexto perfecto para el desarrollo de una nueva fórmula de viaje: el voluntariado. Así, viajeros curiosos del universo de la agricultura orgánica ofrecen su tiempo y energía a cambio de una cama y banquetes recién cosechados.

La organización, que hoy se conoce como wwoof, nació a principios de los años setenta, cuando a Sue Coppard, secretaria radicada en Londres que extrañaba el contacto con el campo, se le ocurrió la idea de ofrecer su mano de obra a cambio de hospedaje. Para no estar sola, puso un anuncio en la guía Time Out, al que 15 personas respondieron de inmediato. Muy pronto, Sue tuvo que dedicar buena parte de su tiempo a la organización de grupos, asambleas y reglas para este nuevo sistema turístico. Una de ellas consiste en no llamar “trabajo” a las actividades que se realizan durante el viaje para no tener que lidiar con cuestiones de visas y permisos.

Actualmente existen “wwoofers permanentes”, es decir, personas que ahorran apenas lo suficiente para transportarse y migran de un proyecto a otro por el mundo. Pero, claro, también están los que solo buscan vivir la experiencia por algunos días. ¿A quién no le cae bien un par de semanas de vivir en el arduo backstage de nuestra existencia urbana?

La fantasía y el (NO) trabajo

Aquí entra todo lo que se puede hacer en seis horas de actividad, cinco días a la semana: ordeñar cabras, podar árboles, instalar paneles solares, construir verjas, cosechar verduras, deshacerse de las malas hierbas que celebran con gigantismo la ausencia de químicos. También se puede recoger huevos de gallinas y patos en la Patagonia argentina o preparar fertilizantes orgánicos al abrigo de la sierra del Tepozteco.

SW1-full_resEl horario es tan variado como la capacidad de organización de los anfitriones. Mientras que en un viñedo orgánico de la ribera del Ródano la jornada de seis a 12 del día suele respetarse de manera religiosa, en una propiedad de Kangaroo Island, Australia, cada día sorprende con una carga de trabajo distinta.

Por eso, lo que se pretende hacer con el tiempo libre es un elemento decisivo a la hora de elegir la región geográfica a la que dirigirse: cocinar al pie de los Himalayas con especias, granos y verduras de la localidad; aprender remedios mayas en un pueblo de pescadores de la península de Yucatán… o simplemente convivir con locales y voluntarios de otras partes del mundo.

Centro de oportunidades

Muchos proyectos de agricultura orgánica van más allá del trabajo en la tierra y fungen como centros de apoyo. En el caso de rose (Rural Opportunity for Social Elevation), en el norte de India, los voluntarios se dedican también a ayudar a las comunidades locales en materia de educación y vivienda. Proyectos similares se encuentran en otras regiones con altos índices de pobreza, como las Antillas o el África subsahariana, y muchos voluntarios buscan estas oportunidades para ayudar a más de una familia de agricultores o ganaderos.

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