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Una tarde en la biblioteca

Los libros abren la puerta a posibilidades maravillosas. Y no hablo solo de las novelas, sino de esos libros catalogados como ensayos, monografías, tratados, obras de consulta, atlas, enciclopedias, diccionarios, etc. El otro día, por razones que no vienen al caso (o tal vez sí, pero ya lo explicaré en otro momento) eché la tarde en una biblioteca. La tarde de febrero, ventosa, fría y con algunas gotas de lluvia, invitaba a refugiarse en algún lugar.  Y la biblioteca Joan Reglà, prácticamente vacía tras los exámenes de enero, era lo más parecido a un paraíso borgiano.TNT_Ford

Abrí el libro y en la primera página figuraban una serie de nombres, manchas de tinta  que se hacían responsables del contenido del volumen, el tomo primero del Atlas Lingüístico de la Península Ibérica. Un atlas lingüístico viene a ser una colección de palabras que lingüistas apasionados van recogiendo por los más recónditos lugares del territorio para que no se pierdan del todo y alguien pueda constatar que un día existieron.

El ALPI fue una idea de Tomás Navarro Tomás (o TNT), que logró convencer a cuatro estudiantes para que recorrieran la Península, ya fuera andando, en burro, en autobús y ,más tarde, tras multitud de súplicas y ruegos, en un Ford destartalado, para atrapar todas esas palabras que, como humo, estaban a punto de desvanecerse en aquella España rural. El ALPI empezó a forjarse en los años 30, se interrumpió durante la Guerra Civil y se reanudó (aunque ya nada fue igual) a principios de los 50.  Al final, solo se publicó el primer volumen, en 1961.

A medida que me iba adentrando en el ALPI, menos me interesaba el contenido y más la vida de los que lo estaban haciendo. Su trabajo los llevó a compartir horas, vivencias, bares, borracheras y confidencias. Los llevó a ser amigos. Me imagino a  Sanchis Guarner, maldiciendo su suerte o  desternillándose en la barra de un bar, contando cuando tuvo que abandonar el Ford por una FORD_AinaMoll(2003)FidelitatTossudanecesidad fisiológica urgente. El famoso auto, sin freno por las prisas, cayó por una pendiente y volcó. Su bien más preciado, que había costado más de cinco mil pesetas, echado a perder por un apretón en el momento más inoportuno.

Vuelvo al inicio, a esas manchas de tinta sobre la primera página. A los que hacen posible los libros. A las personas. A la amistad.  A la vida. A lo más importante.  Piensen en ello (y en ellos y  ellas) cuando abran las páginas de uno de esos mamotretos.

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