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Una noche de fuegos artificiales [1/2]

Y justo cuando había decidido que no podía dejar de pasar la oportunidad de hablar con ella.

—¿Vienes sólo? —escuchó que le preguntaba anticipándose a él—.

—Sí —contestó el, complacido ante la iniciativa. Le tomó unos segundos recuperarse de la sorpresa y sólo le hizo una pregunta—. ¿Bailamos?

De los labios de ella, leyó una única palabra mientras se unían en una sonrisa de complicidad…

«Bailemos»

El chico había pasado la mayor parte de su día entregado a el aura y el espíritu del festival, había venido desde lejos para vivirlo y se había prometido que disfrutaría al máximo cada instante. Caminaba en esos momentos alejándose de uno de los escenarios principales donde se presentaba un popular cantante de reggaeton, un género musical del cual no es seguidor pero que reconoce tiene un muy buen ritmo para bailar, con ese pensamiento en la mente se dirigía hacia otro escenario, un poco agitado después de haber bailado tanto entre la multitud y con el cuerpo lleno de energía para seguir con la fiesta. Se presentaba Miranda!, una banda de la cual conocía sus canciones más populares pero donde sabía que habría buen ambiente, aunque en esos momentos el ambiente estaba dentro de él y lo único que tenía que hacer era dejarlo salir. No se acercó demasiado al terreno central del escenario porque quería disfrutar de más espacio donde bailar, así que se quedó alrededor de personas que al parecer tampoco querían sumergirse en el mar de gente que se reunía para disfrutar de la música de la banda. Una, dos, tres canciones y no paraba de mover su cuerpo al compás de la música con la energía y felicidad de quien se ha permitido ser libre para disfrutar del presente.

No pudo dejar de notar, sin embargo, a la persona que estaba a un lado suyo, bailando y disfrutando igual que él, aparentemente sin más compañía que la de su persona, al igual que él. La chica le era atractiva, no solo por su aspecto físico sino por el aura que ella emanaba, podía sentir la energía de su ser llamándole. Estaba en este lugar para disfrutar de lo que tenía que ofrecer y para divertirse, él no se había detenido a buscar un acompañante y a pesar de que en varías ocasiones había tenido personas con las que compartir las canciones, no había sentido especial atracción por ninguna de ellas. Esta mujer sin embargo, le hablaba sin dirigirle la palabra. Y justo cuando había decidido que no podía dejar de pasar la oportunidad de hablar con ella.

—¿Vienes sólo? —escuchó que le preguntaba anticipándose a él—.

—Sí —contestó el, complacido ante la iniciativa. Le tomó unos segundos recuperarse de la sorpresa y sólo le hizo una pregunta.— ¿Bailamos?

De los labios de ella leyó una única palabra, mientras se unían en una sonrisa de complicidad… Y bailaron juntos mientras se conocían.

Al terminar Miranda! estaban tan agitados y emocionados por haber encontrado a alguien con quien compartir ese momento que separarse jamás cruzó su mente, juntos se dirigieron al siguiente escenario. El chico no conocía la banda (“quizás me suene una canción o dos de ellos”) pero realmente no era fanático de ninguna de las otras bandas que faltaban por presentarse así que no tuvo problema en dejarse llevar por ella (“te van a gustar, vas a ver”), 15 minutos después bailaban como locos al ritmo de las canciones de Panteón Rococó, la música resultó ser bastante buena y la compañía aun mejor, cada vez más cerca, cada vez más unidos, ella cada vez más radiante, él cada vez más fascinado, al terminar la presentación en una explosión de energía se abrazaron para darle alivio a sus cuerpos agitados después de tanto bailar, él podía sentir la respiración de ella y cuando la chica se separó un poco, sus almas se vieron por primera vez. Ella se quedó ahí, en los brazos de él y con un susurro de voz le preguntó.

—¿Hay alguien más a quien quieras ver?—.

“Sólo a ti”, estuvo a punto de decirle, pero la cursilería de su mente le pareció fuera de lugar, así que contestó con sencillez.

—No realmente, ya vi todas las bandas que “tenía” que ver, sorpréndeme—.

—Vayamos por algo de tomar y acompáñame al escenario de al lado.— Le dijo con una sonrisa, mientras él se dejaba llevar una vez más por la mano de ella.

La siguiente era una banda que tocaba música de un género aun más desconocido para él, pero la música, lenta y agradable los había atrapado rápidamente. Se quedaron cerca del lugar donde se conocieron porque al igual que en aquella ocasión, querían disfrutar de la música sin la inconveniencia del tumulto de personas.

Lentamente sus cuerpos se fueron acercando cada vez más y mientras él veía fascinado como danzaba y vivía la música con los ojos cerrados, ella era consciente de la mirada de sus ojos y de la proximidad de sus cuerpos, vio entonces el chico como sus labios rojos formaban la misma sonrisa de complicidad que había visto antes y ya no pudo contenerse. La tomó por la cintura y al  atraerla hacia él, notó que era ella quien se dejaba llevar esta vez, la besó y ella lo besó a él.

Eran ahora una sola aura del mismo color.

Sonrieron al separarse y el chico le preguntó que si quería ir más cerca del escenario, ella asintió y se mezclaron entre la multitud, bailaron hasta que la presentación llegó a su climax, solo entonces se fueron de ahí, tomados de la mano. Agitados llegaron una vez más a la cima de la colina y en ese momento sus cuerpos como en sincronía les dijeron a gritos que no habían comido en más de 10 horas y que la energía que tenían no era gratis, así que fueron a buscar algo con que aguantar la noche que les quedaba por delante.

Sin la música a todo volumen, ni sus cuerpos bailando al ritmo de ella se quedaron solos con su habilidad para conversar. Resultó que al ser dos completos desconocidos, conversar se volvió de lo más divertido.

—Sabes que… podrías decirme lo que sea de ti y te lo creería ¿verdad?—.

—¡Claro! así como yo también te creería lo que me dijeras —Le dijo ella.— Anda, cuéntame alguna cosa extraordinaria que te haya pasado.

El chico no logró localizar en su linea del tiempo algo que pudiera considerarse extraordinario así que recurrió a su habilidad para relatar historias y con la naturalidad de alguien que lo ha vivido en carne propia le contó de la vez que tuvo que asistir un parto de emergencia y de la magia que fue entregarle a su hijo a una madre. Ella lo escuchaba con atención y en sus ojos podía ver la fascinación y la excitación por saber más, así que él le dio todos los detalles, hasta el final.

—¿Te das cuenta que llevamos casi toda la tarde juntos, que nos la estamos pasando muy bien y ni siquiera se tu nombre? —Él rió mientras ella le preguntaba justo lo que estaba pensando.

—Estaba preguntándome hasta cuando tocaríamos el tema —le dijo, sin dejar de sonreír.— Pero lo más divertido de todo es que no lo haremos, podrías ponerme un nombre y yo uno a ti y serían tan reales como los que nos diríamos de habérnoslo preguntado antes ¿no crees?

—Tienes razón, después de hoy probablemente no volvamos a vernos jamás, así que los nombres son un poco irrelevantes. Lo que importa es que tu eres tú y yo soy yo en este momento —se lo dijo con naturalidad y a la vez que cambiaba su tono al de quien quiere jugar, le preguntó—. Entonces ¿cómo te llamas?

Fue entonces cuando se dio cuenta que ella debía ser mayor que él.

—Soy Leo —le contestó él, conteniendo una risa y siguiendo su juego—. ¿Y tú?

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