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Un lugar de Madrid donde robar un beso

El 14 de enero, a falta de 768 horas para San Valentín, Isidoro Merino (@merinoisidoro) publicó en su blog El Viajero Astuto un estupendo post sobre los 10 lugares donde robar un beso. Venecia, París… Aquel puente del condado de Madison (Iowa) donde Francesca dejó a Robert Kincaid esa inolvidable nota: “Si quiere cenar conmigo cuando las luciérnagas estén volando, venga esta noche cuando haya acabado, a cualquier hora”. Roma, Baviera, Nueva York…

Todos estos lugares se han convertido en visitas obligadas donde robar un beso gracias a las historias que el cine o las leyendas han creado entorno de ellos. Pero más cerca, en nuestras ciudades, existen millones de lugares, más o menos bonitos, más o menos comunes, donde robar un beso y que pasan desapercibidos porque no se conoce la historia que guardan.

Una noche de verano, de un mes de agosto cálido como hacía tiempo no recordaba, no voy a contar cómo ni por qué, terminé en un lugar cercano a donde solía ir algunas tardes. Llegué allí con un conocido al que había visto en tres ocasiones durante una hora en cada una de ellas. Pasamos algunas horas contándonos nuestra vida, cómo habían sido nuestros últimos años, contamos lo que a veces es inconfesable y, con esa confesión, empezamos a pasear.

Durante el trayecto él me abrazó más que yo a él, me agarraba la mano y yo me dejaba agarrar; y en cada semáforo intentaba robarme un beso. Aun así yo, que había intentado hacerme la dura con una excusa suficiente para otros pero bastante tonta para él, esquivaba como podía sus labios. Eso no impidió que notara un calor y un cosquilleo que se sumaban al sudor de aquella noche de verano.

Después un rato llegamos a un puente de piedra iluminado con esos focos que tienen el poder de convertir cualquier puente en un lugar que te hace abrir los ojos como platos. Entre sus arcos corría un río tranquilo y silente propio de una ciudad. Nos paramos ahí porque cruzarlo llevaba a un camino sin retorno. Me senté sobre uno de esos muros, de espalda a esas aguas y, tan desprevenida me pilló, que me robó un beso. Sus labios rozaron de refilón los míos pero, en el silencio de la madrugada, se pudo escuchar su sonido. Durante esa noche y los meses siguientes me devolvió ese beso en cada uno de los besos que me dio y en cada uno de los besos que, a escondidas, pegaba con sus dedos en mis labios.

Ese beso se robó en el Puente de Toledo, en Madrid. Con él se puso en marcha de nuevo un corazón y comenzó una historia indescriptible. Por eso, si este año no llegas a tiempo al Times Square, como el marinero y la enfermera de Alfred Eisenstaed, y te quedas en Madrid, añade este lugar a la lista de sitios donde robar un beso.

Puente de Toledo, Madrid.

Puente de Toledo, Madrid.

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