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Turismo de Ballenas, Colombia

Recuerdo haber tenido siempre un concepto no muy bueno en mi cabeza sobre el Pacífico Colombiano, relatos de pobreza, suciedad y un mar turbio hicieron mi percepción errada de lo que realmente significaba una hermosura diferente. Justamente es la complejidad de la naturaleza que trae a las ballenas jorobadas durante Julio a Octubre al país para venir a aparearse y tener sus crías en la calidez de sus aguas;  ellas viajan durante meses desde la Antártida solo para procrear y únicamente tienen un parto en su vida; claramente es algo tan mágico que la curiosidad del ser humano nos lleva a buscar vivir ese momento y recorrer kilómetros al igual que ellas para lograr por un instante ver la danza de las madres y sus ballenatos en el mar.

Este es uno de los atractivos turísticos más grandes de la zona del Choco y Valle que genera millones en ingresos en tan solo 4 meses y claro yo no podía quedarme sin el placentero viaje de ver por única vez estos gigantes animales que nos hacen comprender lo pequeños que somos en este Universo y cuán grande es nuestro ego para pensar que somos sus dueños. Afortunadamente encontré un lugar perdido a 1 hora mar adentro después del puerto de Buenaventura; un paradisiaco lugar lejos de los pequeños pueblos del Pacífico que viven en medio de la simpleza y la miseria; nada mejor que un lugar donde no pudiera interactuar con la realidad y que mi única experiencia se basara en comprender el ciclo natural del paisaje que vivía. Un pequeño hostal en medio de la selva tropical, con una playa que aparece de la nada cuando baja la marea, no siempre a la misma hora; durante 4 horas poder llegar caminando a los islotes que de otra manera solo pueden apreciarse desde la lancha, 240 minutos para explorar las cuevas y descubrir las cascadas de agua dulce que se come el mar cuando la marea aparece de nuevo para quedarse por 8 horas; mantenerse atenta para comprender el calendario diario del mar que juega con el tiempo como si fuera parte del entorno, dormir entre sonidos de animales que se pasean libremente por los matorrales, búhos, ranas macho, pájaros exóticos y el viento que hace silbar las ramas o el mar que golpea suavemente las paredes rocosas del acantilado.

He vuelto tan enamorada de la Vida, pero siguen en mi removiéndose una serie de sensaciones que se mezclan entre el éxtasis y la rabia incomprensible de porqué los seres humanos estamos empeñados en destruir nuestro hogar; en cómo no podemos entender que somos parte de un ecosistema donde coexisten más especies que tienen todo el derecho de permanecer tranquilas en su hábitat; yo maravillada por contemplar las ballenas jorobadas que parecían poco incomodabas con nuestra presencia, también por momentos me preguntaba si el acoso de las lanchas realmente no les molestaba o si simplemente éramos nosotros que no sabemos leer su lenguaje, pero lo que para nosotros era un espectáculo para ellas era la tranquilidad de nadar con sus crías algunas de pocos días de nacidas las cuales deben salir a respirar por momentos mientras aprenden a nadar, me cuestiono si el ruido incesante de los motores no perturba los recién nacidos que exponen sus aletas como jugando con sus desconocidos depredadores.

Sigo pensando que el Turismo en el País urge de medidas enfocadas hacia la sostenibilidad y el desarrollo controlado, donde todos se beneficien pero el ecosistema no sufra el impacto negativo que genera la huella del hombre. Ya en el Mundo existen organizaciones internacionales que alertan sobre la naturaleza perturbada e insisten en que la presencia de personas alrededor de las ballenas las incómoda para comer o procrearse e incluso en ocasiones separan a sus crías de sus madres como una manera de protección pero no les permite disfrutar de sus pequeños cuando están en su momento más cumbre.

También alrededor de tanta belleza no puedo dejar de pensar que las comunidades de estos lugares paradisiacos necesitan mayor capacitación para que sepan el comportamiento de estos mamíferos con el fin de cuidarlas y protegerlas pues están en vía de extinción debido a factores como el cambio climático, la explotación marina de petróleo y gas así como la contaminación. Así mismo la educación sobre el problema de las basuras que en el pacífico puede notarse aún más cuando el mar trae las botellas de agua, bloqueadores y envolturas de plástico que solemos cargar los seres humanos y que para muchos animales marinos puede significar la muerte. Legislar y reglamentar en torno a este tema antes que se siga saliendo de las manos, es imperativo; velar por la seguridad de las personas que viajan para disfrutar el espectáculo y promover la preservación de todas las especies marinas siguen siendo la valiosa tarea del Gobierno Colombiano de la mano de las comunidades en búsqueda de establecer un ecoturismo controlado y organizado.

“El Mundo que compartimos nos ha sido dado en consignación. Cada decisión que hacemos respecto a la tierra, aire y agua que nos rodea deberían ser tomadas con el objetivo de preservarlas de todas las generaciones que vienen” August A. Bush.
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