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Torre Eiffel

Vista nocturna de la torrePocos monumentos han sido tan repudiados como la Torre Eiffel en el momento de su construcción: los vecinos de París protestaron en varias ocasiones, los intelectuales franceses la despreciaron, e incluso Eiffel presentó su proyecto en varias ciudades (incluida Barcelona) antes que en París, sin obtener éxito en ninguna de ellas.

Sin embargo pocos monumentos han conseguido convertirse en uno de los más visitados del mundo en tan poco espacio de tiempo, y es que, a día de hoy, la Torre Eiffel es visitada por una media de seis millones de turistas al año. Ha conseguido instituirse como el símbolo indiscutible de un país, una seña de identidad, símbolo de ciencia, progreso e incluso de victorias, o del romanticismo contemporáneo. Y pese a todo, para muchos no deja de ser “un andamio muy grande”…

Interior de la torre

Así pues, la pregunta es la siguiente: ¿merece la pena visitarla? La respuesta es un rotundo “Sí”.

Tengas la opinión que tengas acerca de esta construcción, encontrarse a los pies de un monumento de la talla y fama de la Torre Eiffel, sobrepone a su mayor detractor y emociona al más frío e indolente. Por no hablar de las vistas de toda la ciudad que se pueden disfrutar desde cualquiera de sus niveles.

Si finalmente te animas y decides viajar hasta París y visitar a nuestra amiga de hierro, ésta es mi recomendación:

La contemplación de la torre desde el Jardín de Las Tullerías y el río Sena es algo único, no se trata de algo pensado, sino de una casualidad emocionante, ir caminando por las calles de esta hermosa ciudad y de vez en cuando tropezarse con esa visión… Desde luego, no dejes pasar la típica foto en los Campos de Marte, el jardín junto a la torre desde donde podrás contemplarla al completo. Estando allí tendrás la oportunidad de emprender el ascenso, sin embargo, mi recomendación sería que esperases al anochecer, para disfrutar aún más de las vistas de las luces de la ciudad en contraste con la oscuridad de la noche. Sin embargo, esto va en gustos, y debes evaluar si prefieres ver la ciudad a la luz del día. Si optas por la experiencia nocturna, puedes hacer tiempo devorando un delicioso crepe de chocolate (para rematar el cliché) en los puestos que hay frente a la torre a la orilla del Sena. Y para cumplir con el ideal, no puedes olvidar cruzar al otro lado del río para contemplar la puesta del Sol desde el Trocadero, y ver cómo se va iluminando la torre. Si la espera no fuera ya de por si amena ante tal espectáculo, no faltarán los shows callejeros a tu alrededor y los grupos de jóvenes cantando, tocando música, bromeando o jugando, amén de todo un elenco de parejas besándose y abrazándose ante la silueta de este símbolo del amor.

Sin embargo no todo es tan idílico, y hacer realidad este sueño tiene un precio que a muchos les hace replantearse si de verdad les maravilla tanto. Y en este sentido, optes por la visita nocturna o diurna esta información te interesará: (el precio no varía según el horario)

Adultos Jóvenes (12-24 años) Reducida (niños y discapacitados)
Entrada ascensor (al segundo piso) 8,20€ 6,60€ 4,10€
Entrada ascensor (hasta la cima) 13,40€ 11,80€ 9,30€
Entrada escaleras al segundo piso 4,70€ 3,70€ 3,20€

No temas a las colas, pese a ser uno de los monumentos más visitados (el mayor, según el año) del mundo, las colas no suelen ser excesivas y están bien reguladas en torno a tres o cuatro puntos de entrada, y, en cualquier caso, son rápidas. El ideal, aunque hablando de lugares tan turísticos como éste apenas se aprecia diferencia, es que realices la visita un día entre semana de temporada baja, ya que las condiciones climatológicas no afectarán en demasía el resultado final.

Una vez obtenida tu entrada, ya solo restará el disfrutar de las vistas, admirar de cerca sus dos millones y medio de remaches, subir por esos ascensores al techo de París y, en el mejor de los casos, aprovechar la ocasión para otros tópicos romanticones: besar a tu pareja ante un escenario tan bohemio o, incluso, pedirle la mano (sí, el que escribe, ante tal oportunidad, se vio obligado a hacerlo aunque de forma más simbólica que otra cosa).

Vistas desde la torre

En cualquier caso, como decíamos al principio, ames, odies o ignores esta obra, está claro que la visita a París obliga a la ascensión de la torre, al menos una vez en la vida. Y aún pensarás: pero si la odio ¿por qué iba a querer visitarla si ya me la tengo que tragar paseando por las calles de París a cada paso? El escritor Guy de Maupassant, uno de esos intelectuales que con más ahínco criticó la construcción de la torre, tras inaugurarse, acudía cada día para almorzar en lo alto. Cuando fue preguntado por este hecho, respondió que era el único lugar de París desde el que podía admirar la ciudad sin ver la torre, era el único sitio desde el que no veía lo que él llamaba de forma despectiva “la cosa”.

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