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Sipadán, cuando un volcán construye un paraíso

Isla de Sipadán

Sipadán es una pequeña isla volcánica situada en el Mar de Célebes, en el Indo-Pacífico. A unos 40 km de la costa este de Borneo, es la única isla oceánica de Malasia, elevándose casi 700 metros desde el lecho marino. Se trata de un cono volcánico que no tendría mayor interés de no ser por el extraordinario ecosistema marino que lo rodea: uno de los arrecifes de coral más espectaculares y mejor conservados del planeta.

Y es que si nos limitamos a circunnavegar la isla, o incluso a emplear unos escasos 45 minutos en recorrer a pie su perímetro, puede parecer otra isla tropical más. Un pequeño islote completamente saturado de bosque tropical, donde encontramos varanos y una gran variedad de aves, provista de algunas playas de

Playa en Sipadán

Aguas turquesa en Sipadán

arena blanquísima. Como construcciones, un par de barracones del ejército y un pequeño embarcadero.

Por el contrario, si nos armamos de unas gafas y un tubo de buceo, nos sumergimos en un paraíso nada más entrar en sus aguas. Bajo la superficie, un nuevo y espectacular mundo nos recibe con impresionante belleza: el arrecife de coral que rodea completamente la isla y que alberga miríadas de corales y de muchos otros invertebrados, innumerables especies de peces y enormes tortugas, en lo que parece un gigantesco acuario, pues tan increible nos resulta que la naturaleza haya podido reunir tal variedad de formas de vida en un solo lugar.

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Los primeros metros bajo la superficie

Lo primero que encontramos, totalmente accesible sin necesidad de equipo de buceo autónomo, son unas enormes extensiones o praderas de coral, tapizadas por decenas de especies diferentes y pobladas por una inmensa variedad de peces e invertebrados.

Estas son sin duda las primeras zonas en las que apreciaremos la enorme biodiversidad del arrecife, tortugas, tiburones, cientos de especies de peces, esponjas, equinodermos, gusanos, crustáceos y, por supuesto, una abrumadora variedad de coral.

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Jardines de coral Pez murciélago,
Platax pinnatus
(Linnaeus, 1758)
Coral Mesa,
Acropora sp.
Ostra gigante,
Tridacna sp.
Coral cuero,
Sarcophyton sp.
Ascidias portando
simbiontes fotositéticos
(Prochloron)
Pez león,
Dendrochirus zebra
(Cuvier, 1829)
Poliquetos
tubícolas
Tortuga Verde,
Chelonia mydas
(Linneo, 1758)
Banco de barracudas,
Sphyraena qenie
Klunzinger, 1870
Banco de barracudas,
Sphyraena qenie
Klunzinger, 1870
Ascidia
Polycarpa sp.
Staghorn Crest. Sipadán.

Staghorn Crest. Sipadán.

El muro

Avanzando un poco más en dirección a aguas abiertas, comienza el segundo espectáculo de Sipadán: las paredes prácticamente verticales que descienden centenares de metros hacia las profundidades. Completamente saturadas de vida, son zonas para bucear despacio deteníendonos en cada oquedad para encontrar seres espectaculares.

La pared representa, por un lado, un refugio ideal para muchas especies que encuentran protección y alimento en mitad del océano; por otro, se produce un gradiente de temperatura, luminosidad y nutrientes que permiete observar faunas muy diferentes simplemente con sumergirnos o emerger unos cuantos metros.

La luz decae rápidamente con la profundidad, especialmente la de longitud de onda más larga (rojos), la cual es rápidamente absorbida en los primeros metros. Esto hace que a partir de 10-15 metros prácticamente el arrecife se aprecie en escala de grises (bueno, más bien de azules) y debamos utilizar una linterna para poder observar la exquisita riqueza cromática de los seres que forman y tapizan la pared.

Algunos crinoideos (Pulsa en la imagen para ampliar)

El frágil paraíso

Estos inmensos edificios naturales que son los arrecifes de coral presentan sin embargo una fragilidad extrema. Su formación y crecimiento se encuentra totalmente ligado a la zona superior iluminada, donde crecen los pólipos, unos pequeños animales del grupo de los cnidarios provistos de un esqueleto calcáreo que son los formadores de estas increíbles construcciones.

Por ello, precisan de alguna estructura (isla o borde costero) sobre la que comenzar a asentarse y desarrollar el edificio coralino que irá creciendo a lo largo de los milenios. Debido a esta génesis, distinguimos distintos tipos de arrecife: el arrecife costero (formado a partir de la línea de costa), el atolón (formado alrededor de una isla volcánica que -al sumergirse- deja esa laguna circular característica), etc.

Los pólipos de coral, al morir, dejan el esqueleto calcáreo que vuelve a ser colonizado por la siguiente generación que crece sobre él, aumentando el edificio coralino poco a poco. En un océano como el terrestre, sujeto a fluctuaciones periódicas, los corales van creciendo sobre sus antepasados según aumenta lentamente el nivel del mar, o bien afloran en sus descensos dando lugar a islas totalmente coralinas.

Otro factor limitante es la temperatura del agua, a la que estos minúsculos arquitectos son muy sensibles. No proliferan en aguas frías ni demasiado calientes, por lo que únicamente los encontramos en un cinturón ecuatorial y son muy sensibles a fenómenos climatológicos como El Niño.

El arrecife representan un refugio excelente para una gran cantidad de fauna que de otro modo no encontraría refugio ni alimento en mitad del océano. De ahí el papel de islas de biodiversidad que literalmente desempeñan estas colonias.

Colección de nudibranquios (Pulsa en la imagen para ampliar)

Debido a estas características, los arrecifes coralinos son ecosistemas muy frágiles y se encuentran en muchos casos gravemente amenazados por los vertidos, la acidificación del agua, el aumento de la temperatura o la subida del nivel del mar. En nuestras manos está, como casi siempre, considerar estos exponentes de la biodiversidad marina en su justa medida, y adoptar todas las precauciones necesarias para que no se conviertan en un recuerdo del pasado.

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