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Promesa cumplida en lo más alto de Oruro.

Extrañamente la terminal de buses de Potosí está llena de pasajeros, algo inusual en un día muy particular como es el lunes de la segunda semana de octubre en la cual no recuerdo una fecha especial para estar aquí en la Villa Imperial. Buena parte de los pasajeros entre ansiosos y molestos tratan igual que este servidor comprar un pasaje que los lleve de vuelta a Oruro, tarea que finalmente resulta frustrada después de confirmarse nuestros peores temores y sospechas: un bloqueo de caminos.
¿Porqué a mí? No es que sienta que soy especial pero esto ya lo he vivido antes y comienzo a pensar en hacerme una limpia para librarme de este k’encherío que me persigue casi siempre que visito Potosí cuando me encuentro con dificultades para volver a Oruro. En esta ocasión la situación es peor pues entre souvenirs y francachelas prácticamente me he gastado el presupuesto para una semana quedándome apenas para un pasaje y una tarjeta de prepago para el teléfono móvil y con la urgencia de cumplir con un compromiso importante al día siguiente. En situaciones como esta y como todo católico impotente y desesperado, solo me queda pedirle a la Virgen del Socavón que haga reflexionar a los bloqueadores y me haga llegar sano y salvo y “como sea” hasta Oruro.
Después de más de tres horas de espera, la Virgencita no ha logrado hacer reflexionar a los bloqueadores, situación que es corroborada cada media hora por los informes de la policía de tránsito en los altavoces de la terminal pero en cambio me ha mandado a un hermano boliviano con acento tarijeño dispuesto a llevarnos hasta Oruro sanos y salvos y “como sea” en un bus chapaco que llevaba impreso su razón social en letras grandes: “Pilcomayo”.
La ansiedad y los deseos de llegar a Oruro son tan grandes que no me lo pienso dos veces y subo a la carrera para buscarme un asiento para viajar cómodamente con casi medio centenar de pasajeros corriendo tras de mí para hacer lo mismo. Con la amenaza de no pagar el pasaje si es que no llegábamos a destino completos y sanos, partimos media hora después por la ruta que conecta Potosí con Uyuni, una hermosa carretera que termina en la localidad que le dá su nombre al famoso salar y en donde empieza un camino desastroso de ripio y tierra. El viaje será tema para otra historia pero el hecho es que además le prometí a la Virgencita del Socavón desde mis adentros: “Mamita, si me haces llegar a Oruro sanito y salvo prometo subirme al cerro donde están construyendo una réplica enorme con tu hermosa imagen y darte las gracias desde allí apenas llegue”. Supuse que estaba harta de las promesas que le hacen los orureños de bailar tres años seguidos en su honor y pensé que quedría algo diferente. Y aquí estoy, un poco tarde pero cumpliendo con mi promesa…


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