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Primeros pasos

A inicios del nuevo milenio, mientras en el Perú se hacía fiesta por llegar al primer millón de turistas, yo estaba por iniciar la carrera de Administración de Turismo en San Marcos. El turismo es el futuro, era el comentario general. Cinco años después me encontraba, como muchos, frente a la incertidumbre y me preguntaba ¿ahora qué sigue?

Para ponernos en un mayor contexto, era finales del año 2007 y estaba a punto de graduarme. Mi contrato de prácticas acababa en Diciembre y había pedido que no me renueven. Durante mi último semestre tuve la oportunidad de trabajar en una ONG impulsando la creación de la Ley del Artesano. Durante este período estuve en contacto con bases de artesanos ubicados en distintos puntos de Lima, fue una experiencia muy enriquecedora a nivel personal al poder conocer la historia de muchas familias y su aporte cultural.

Mi impulso por entrar a una ONG era conocer y aprender sobre este sector, con aquella ilusión de juventud de querer mejorar el mundo. Al poco tiempo me di cuenta que no era lo mío, identifiqué mi temperamento y no estaba lista para estar sentada en un escritorio por 8 horas diarias.

El 2008 iba a empezar, esta vez ya no había que ir a clases y ese vacío me asustó. ¿Había tomado la decisión correcta al dejar las prácticas? ¿Y ahora, en qué trabajaré? Ese vacío puede ser muy tormentoso, uno empieza a mirar alrededor y a compararse con los demás. Ese es un gran error pero la inmadurez y ansiedad nos juega esas malas pasadas.

Había tenido un par de entrevistas que no se concretaron. Si bien el turismo era el futuro, se sentía que los egresados sanmarquinos no estábamos en ese mapa. Debo ser honesta, la bolsa de trabajo de la facultad tenía muy pocas opciones para turismo, eso aumentaba la frustración. Eran épocas en las que uno abría los avisos clasificados y podía encontrarse con ofertas tipo: “Se busca ingeniero. Solo PUCP, ULima.” El panorama no se veía alentador.

Los primeros días de Enero del 2008 recibí una llamada de Rainforest Expeditions, había olvidado que hace tiempo había enviado mi CV a una convocatoria para un curso de Interpretación Ambiental. Pasé las entrevistas y fui seleccionada, junto a otros 4 chicos más, para poder recibir este curso que nos permitiría poder trabajar como guías en la Reserva Nacional Tambopata. Tenía que mudarme a Puerto Maldonado en Madre de Dios. ¡La selva! Y solo tenía 23 años.

Mis padres no se opusieron, eso sí, hicieron que les sustente el porqué de mi decisión. No querían que me apresure a tomar la primera oportunidad que apareció, tal vez porque veían mi ansiedad por trabajar. Es así que reflexioné. El trabajo era para guiar, lo cual es una carrera técnica de 3 años que se dictaba en Cenfotur y en teoría yo había estudiado la parte administrativa del turismo. Estaría haciendo un trabajo básicamente operativo.

Es cierto que no conseguía trabajo en Lima, seguramente con el tiempo hubiese encontrado algo, pero tenía una oportunidad a la mano y tenía que decidir. Después de meditarlo senté a mis padres y les expliqué el porqué decidía irme. Trataré de resumirlo:

  1. El turismo es una actividad que se desarrolla a lo largo del territorio peruano. El principal destino es Cusco, pero todo el circuito sur ya estaba consolidándose y este incluía a Madre de Dios. Trabajar en provincia me permitiría vivir realmente la actividad turística.
  2. Idiomas: Había concluido todos mis ciclos de inglés, pero trabajando directamente con los turistas iba a poder mejorar mi nivel de conversación. Fue un tiempo en el que todos los días tenía que estar hablando inglés.
  3. Rainforest Expeditions es una empresa que en ese entonces contaba con 3 albergues, mi intención era poder crecer y poder trabajar en la parte administrativa de los hospedajes.
  4. La experiencia de vivir sola: Mi madre dejó su natal Iquitos a los 18 años para poder buscar un mejor futuro. Mi padre se fue becado a estudiar a Europa a sus 25 años. Había crecido con ese ejemplo y ahora era yo la que pedía que me dejen salir.

Fue así que armé una maleta y una mochila y me mudé a Puerto Maldonado, en una experiencia que me nutrió en lo personal y profesional. Este fue solo el primer paso de una carrera en el sector turismo que me apasiona. El dinamismo de esta industria y el impacto directo que tiene en los distintos focos turísticos en los que opera.

Iniciar desde “abajo” es algo que tengo muy presente. Al egresar de la universidad, con la poca experiencia que tenía, no podía pretender acceder a puestos administrativos. Fueron esos años en los que literalmente sudaba la camiseta yendo de trocha en trocha, los que hoy me permiten ser capaz de articular diversos programas desde la parte logística hasta obtener el resultado comercial.

Las veces que he podido conversar con estudiantes de turismo suelo decirles que no tengan miedo a dejar Lima. La verdadera actividad turística se encuentra en el campo y es ahí donde se aprende todos los eslabones sobre esta cadena de servicios.

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