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Por tierras de Navarra, Monasterio de la Oliva y Olite

El primer fin de semana de febrero decidimos mover un poco a la dino, después de todo el invierno en dique seco. 

El sábado a la mañana nos dirigimos a Olite haciendo una paradita en Pamplona para comer, no dejó de llover en todo el recorrido.  Llegamos a Pamplona y nos dispusimos a comer.  Después de comer y visto que el tiempo no acompaña nos dirigimos hacia Olite.  De camino hacia el pueblo vimos señalizado durante el recorrido el Monasterio de la Oliva y decidimos que si tanto lo señalizaban podía ser interesante.

Llegamos al lugar y aparcamos la dino en el amplio aparcamiento, a pesar de la lluvia entramos en las instalaciones y fuimos a coger las entradas.  Por suerte para nosotros tuvimos la suerte que con el mal tiempo y la hora que era el conserje no nos cobró entrada y nos dejó entrar a visitar las instalaciones.

El lugar está muy bien, y la restauración del monasterio está dejando el lugar en muy buen estado para visitar y pasar el día por la zona.  Aunque el tiempo no nos acompañó pudimos visitar tanto el exterior como el interior de las instalaciones y disfrutar de su encanto, el claustro está en muy buenas condiciones al igual que la iglesia, los monjes viven en las nuevas instalaciones, pero la iglesia se sigue utilizando en días festivos.  Además se pueden organizar excursiones por grupos.

Aprovechamos la situación y ya que no nos cobraron entradas, adquirimos vino del monasterio era lo menos que podíamos hacer.

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Tras esto nos marchamos en dirección a Olite para pasar la noche.  Aparcamos cerca del castillo al lado de unas urbanizaciones nuevas sin ningún problema y muy tranquilo.  Pegaba mucho viento y por la noche se notaba bastante pero a la mañana siguiente amaneció un día bastante aceptable.

Nos fuimos a desayunar y luego nos dirigimos al Castillo.  Comentar que los bares de la plaza son bastante caros, es mejor meterse entre las callejuelas y se nota la diferencia de precio.  Para las futuras visitas hay que tenerlo en cuenta.

El castillo está muy bien, tienes la opción de visita guiada o por libre con un folleto.  Te puedes subir y ver todos los sitios así que merece la pena.  Está todo reconstruido y te puedes hacer a la idea de como era entonces y como estaba antes de la restauración.

Tras visitar el castillo nos dirigimos a ver la área para autocaravanas que han creado en Falces y comimos allí.  El pueblo es muy tranquilito también, no vimos muchas cosas ya que en estas fechas estaba todo cerrado, y los domingos el restaurante que vimos estaba cerrado por descanso semanal, pero observamos que hay unos cuantos monumentos interesantes de visitar y las casas construidas en la roca.  Para visitas futuras.  Después de comer marchamos de vuelta para Vitoria a pegarnos con la lluvia.

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