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Pamplona, ciudad de contrastes

@DarioNovoM

De 43º a una tormenta hay un frame en la Pamplona de hoy. Está bella como nunca y por la Estafeta pasean tormentosos rubios italianos de chancla con pie de uña mal cortada y mascarilla quirúrgica para cumplir con el protocolo. El centro es el centro neurálgico de mochilas y proetarrillas de todo a cien que son como las flamencas negras de Sevilla, un motivo de selfie, pero un tanto dantesco.

Es ciudad de dualidades porque se resume entre la gente de bien -hegemónicamente de derechas- y los que no lo son que son, en resumidas cuentas, de la Eta. Paseo por la UNAV y su edificio central es una corrección granítica de la metralla de los coches bomba. El último lo puso un hijo de puta, Aguinagalde, que había hecho allí el MIR. Intentó una matanza sin precedentes pero no murió nadie. Y nadie agachó la cabeza.

Santa María la Real representa todo lo bueno en el sentido más intrínseco de la palabra. Góticas sus vidrieras, en su interior descansan Carlos III y Leonor de Trastámara. La exposición sobre occidente le recuerda a uno que todavía quedan comisarios con altura de miras. El relativismo no es un problema: es el problema. Dos espejos enfrentados hacen el resto.

La Urbana está cerca de la catedral. Es un garito profundo en el que se sorprenden cuando pido que echen Martini al tinto de verano con limón. Poco se sorprenden porque haya chepudos costrosos con camisetas que piden la libertad de terroristas. Es un mundo paralelo.

Paseamos por los alrededores y observamos una pintada de una tal Belén a la que guardan pleitesía. Belén era una gachí que bajaba a ver a no sé quién a una cárcel madrileña y murió en un accidente de tráfico por el camino. Nunca se ha hecho mártir a nadie como lo hacen los nacionalismos periféricos. Belén era una etarra más y me parece fatal que todos los presos terroristas no estén destinados a El Puerto de Santamaría para mayor distancia.

Choni, fea y cobarde. Fea. Muy fea. Porque son feos pero para hacerles vudú. Un par de días antes, nos debieron reconocer como no de los suyos. Mariquitas con camisa. O a saber. Sus aros en las orejas y cara de Gara hacían el resto. Pedimos pacharanes y nos lo pasamos bien porque sus miradas son mierda. Ellos también. Brindamos por la vida, por España y, mientras hacían un Walking Dead al baño, brindamos por nosotros.

Alberto es guapo a rabiar y solo me junto con gente así. No admitiremos jamás ser ‘guapers’. En El Txoko pagamos casi 90 euros de copas y chupitos pero nos regalamos flores en Merindades. Pamplona es una ciudad de contrastes: la de querer a tu amigo y odiarle por tener que irte. Puta crema de fresas con tequila.

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