You are here: Home > Viajando > On the road

On the road

Una cosa que siempre me ha gustado mucho es la expresión On the road, desde que la leí en uno de los libros de Manolito Gafotas de la maravillosa Elvira Lindo. Otro día tengo que hablar de esos libros, porque Harry Potter no fue el único gafas que configuró mi infancia. Lo de On the road lo he estado usando muchísimo en los últimos cinco o seis años, asociado a distintas cosas. La principal, la que más me gusta, es el rock. Aquellos legendarios tours de las bandas a las puertas de ser legendarias (porque si ya eres de la realeza del rock no necesitas tocar el suelo para las giras y estas pierden su magia) son fundamentales, al menos para mí. No sé, me gusta mucho pensar que la mitología de los grandes grupos de nuestra historia se han forjado a base de carretera, además de la propia música, por supuesto. Pero los largos viajes son los importantes. «Quemando rueda en una furgoneta», que cantaba Pereza con Quique González. Una de mis películas favoritas es Casi Famosos, de Cameron Crowe. Creo que me moriré sin poder cumplir mi gran sueño de vivir una experiencia como la que narra Crowe en esta película en la que narra su experiencia como precoz colaborador de la revista Rolling Stone (echo mucho de menos su edición española), acompañando a algunos grupitos como The Allman Brothers Band, Led Zeppelin o los Eagles. Casi nada. Creo que es mejor que veáis la película para entender un poco la fascinación que produce todo esto. It’s all happening, que decía Penny Lane. No veo mejor educación vital, periodística y musical que recorrerte el país (o países) de punta a punta en una gira de sexo, drogas, experiencias cercanas a la muerte, el primer amor y, ocasionalmente, algo de música.

No pierdo la esperanza en que aún pueda vivir eso, aunque lo vea complicado. No quiero tirar del discurso carca de que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero sí es cierto que la época dorada del rock and roll sería imposible en este tiempo que nos ha tocado vivir (menos aún en el panorama que nos deje el coronavairus), con nuevos géneros, nuevas formas de entender la música y el márketing que controla hasta el más mínimo detalle. Pero bueno, todavía puedo soñar. O modificar los recuerdos de lo más parecido que tengo a esas giras, que son los viajes con el Club Baloncesto Morón (sí, la entrada de Vamos, Campeón no ha envejecido nada bien en apenas una semana, como buena columna que es). William Miller conocía a futuras estrellas de rock en ese viaje y yo estaba en contacto con leyendas ACB; jugadores que hoy han crecido tanto como para entrar en la ACB; jugadores que se han enfrentado (y vencido) a estrellas actuales de la NBA y compartía con ellos noches de victorias, derrotas, entrenamientos, fiestas y otras anécdotas que me ayudaron a fraguar un pequeño relato sobre el club en las cinco temporadas que llevamos en Plata. Creo que aprendí más de baloncesto en una noche de copas con Rafa Rufián tras ganar a Valladolid en Valladolid que en 20 años de visionado. También pude ver el lado humano de esos chavales y veteranos que, a principio de temporada, solo eran una nota de prensa y objetos de debate para los Capos. En algunos casos, el ver las cosas a través de sus ojos me ayudó a valorar cosas tan simples como el cambio de paisaje entre provincias de nuestra España. Fue gracias al Ser de Luz, Tyler Gaffaney, el californiano que nos hizo sentir algo parecido a lo que los madridistas del Wizink Center viven con Jaycee Carroll. En su primer viaje por la A-92 no daba crédito de que, en apenas 15 o 20 kilómetros, el paisaje cambiase tantísimo: campos extensos que daban paso a montañas enormes y luego a desiertos interminables sin que diese tiempo a que se acostumbrase.

Me acordé mucho de Tyler hace poco, porque yo mismo estoy volviendo a flipar con los paisajes de nuestra Andalucía. Concretamente con los de Cádiz, y gracias a un nuevo On the road, más parecido al de Manolito Gafotas con su padre que al del reportero de rock o de prensa del equipo de baloncesto. Habíamos repartido en Cádiz capital, San Fernando, Chiclana y Conil. Bonitos sitios, muy juntitos todos, pero terriblemente lejos del último: Algeciras. Tras pasar por campos rodeados de vacas pastando y enormes molinos de viento que fliparían a nuestro hidalgo favorito, empezamos a bordear Tarifa cuando hice uno de esos comentarios que tanto ponen en evidencia mi falta de conocimiento geográfico, que me bajan al suelo y me hacen valorar muchísimo más la pericia de los primeros marineros que se lanzaron a dar la vuelta al mundo:

—¿Tenemos que subir hasta esas montañas y ya abajo está Algeciras, Cristóbal?

—Juan Luis, esas montañas están en África.

  • Digg
  • Del.icio.us
  • StumbleUpon
  • Reddit
  • Twitter
  • RSS

Leave a Reply