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Lara y algunos pueblos

Un buen viajero nunca viaja en temporada alta,  yo no aprendo.

Los que me conocen saben que no viajo en temporada alta, un buen viajero, a mi parecer, prefiere esperar los días donde los destinos no estén tan abarrotados de turistas inconscientes, ése es un motivo, el otro es que yo soy un turista arrastrado y en temporada baja las cosas son un poco más económicas, pero como todo sistema tiene excepciones, este carnaval decidí irme al estado Lara, pero no a Barquisimeto a pasear por las Trinitarias -cosa que jamás haría-, sino a los pueblos, a conocer la gente, Barquisimeto solo sería un punto para llegar, los destinos que quería visitar eran los pueblos y lo hice con la ayuda valiosa de Nohelia e Inés, quienes fueron mis guías en todo momento. Planifiqué única y exclusivamente el boleto de avión Caracas – Barquisimeto – Caracas.

Comenzamos por Cubiro, pero antes de salir al pueblo decidí primero correr 10 kilómetros en la ciudad, nunca es igual conocer la ciudad caminando que corriendo, corrí por el parque del este de Barquisimeto y por la avenidad Libertador que está cerquitica del parque. Calurosa y vacía, quizás por la época de carnavales. Cubiro es un puebo pequeñito ubicado en las montañas del sur de Barquisimeto, al entrar a él solo tienes dos opciones, el pueblo o las populares lomas de Cubiro, fuimos a las dos, el pueblo estaba un poco sucio, dimos unas cuantas vueltas y vi como algunos aún en el abandono, están adueñados de su plaza Bolívar que aunque pequeñita se levanta imponente en el medio de todas las casitas. Montaña arriba se llega a las Lomas, había una gentará, al parecer estos destinos en carnavales también son concurridos, cuando vas subiendo la temperatura va bajando, hace calor, un calor con una brisa fría que te invita a quedarte, cuando llegas hay una hilera inmensa de puesticos de comida, los olores se mezclan con la bosta de los caballos y siempre predomina el olor a cochino frito que es inconfundible. En las Lomas se puede montar a caballo y la gente hace picnic y pasan todo el día viendo las montañas, las nubes con sus movimientos le van diciendo a los visitantes como moverse para buscar sombra. Estuvimos hasta luego del medio día y salimos al pueblo más hermoso que conocí de todos los que tenía en lista, el pueblo donde la felicidad tiene forma de hamaca: Curarigua.

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Curarigua le debe su nombre al árbol típico que ahí mismo se da, el curarí, es un pueblo que se encuentra como a par de horas desde Barquisimeto, a decir verdad, Curarigua no tiene nada, son tres calles, muchas casitas abandonas y coloniales y una plazita Bolívar llenita de árboles en el centro del pueblo, pero tiene algo importante, Curarigua tiene gente, en todo el sentido de la palabra, es ahí donde la humanidad existe, la hospitalidad, el respeto, Curarigua es un viaje en el tiempo, un viaje en el tiempo de los valores. El pueblo está intacto, igualito y con él su gente. Además de eso se come el mejor queso de cabra, se duerme en hamaca y siempre te vigila la montaña por todos los costados. Es hermoso, ver los potecitos de solintex convertidos en materos o sus habitantes dándole gracias a los árboles por la sombra que le dan y uno en su ingenuidad cree que tienen tan poco, esa gente tiene más que cualquiera, una sombra, una hamaca y su quesito siempre fresco ¿Se puede pedir algo más?. Nos quedamos una noche en lo que para mi fue un hotel de 5 estrellas, una sala donde colgamos tres hamacas, aunque el pueblo es caluroso, el frío por la mañana nos despertó, desayunamos huevos criollos, quinchoncho sofrito y arepas con queso de cabra, antes de irnos nos metimos por la calle del río y conseguimos unas conservas de toronja y de coco a 6 bolos cada una y de ahí salimos a Sanare.

Antes de llegar a Sanare hicimos una parada obligada en Tintorero, es un pueblo artesanal del Estado Lara, conjuntamente con Guadalupe y venden hamacas y artesanía por todos lados, nos paramos en el mercadito a preguntar precios y compramos unos caramelos de coco y jengibre para el camino. Llegamos a Quibor y de ahí le dimos pata hasta Sanare, subir y subir la montaña, la fumarola de Sanare o el Volcán de Sanare como también lo conocen, te va avisando que vas llegando apenas ves el humo que emite a la atmósfera, el camino está lleno de curvas pero la vía está en buenas condiciones. El Pueblo de Sanare es grande, lo noté bastante organizado, dimos unos vueltas por él y luego recorrimos no sé cuantos kilómetros del Parque Nacional Yacambú que es la parte final de la Cordillera de los Andes, me contaba Nohelia mientras íbamos en camino, llegamos al punto “El Blanquito”, los turistas hacen una parada y se meten en el paso del río en un agua heladísima. Luego volvimos al pueblo, pasamos por la pastelería Alemana, un lugar con más de 26 años y famosísimo, no me provocó nada, pero las chicas compraron unos pastelitos de manzana para el camino de vuelta a Barquisimeto.

Además de Tintorero, Cubiro, Curarigua y Sanare, visité Santa Rosa que está cerquita de Barquisimeto y en la ciudad por supuesto los lugares hechos para los turistas como el Cardenalito, también fui al Museo de Barquisimeto que está muy cuidado y hasta tiene una librería adentro donde compré unos libritos, recorrimos sus calles y tomé algunas fotos que me permitieron conocer la filosofía de algunos de sus habitantes. Sí, no hay gestión turística y los pueblos algunos están en el abandono, pero tenemos que entender que somos nosotros los que nos hacemos dueños de los espacios. Las responsabilidades son siempre compartidas.

Los pueblos son los lugares, pero también son la gente.

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