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La nueva amenaza del terrorismo sobre los eventos – Terrorismo vehicular

La amenaza del terrorismo sobre el valor de los eventos ha vuelto a manifestarse de nuevo en forma de vehículo que se lanza sobre una congregación de personas que se encontraban en un espacio público. Por desgracia, 12 personas fallecieron como consecuencia del ataque de un camión dirigido contra el mercado navideño en la Breitscheidplatz de Berlín, el pasado 19 de diciembre de 2016, conducido por un yihadista, abatido por la policía italiana días después en Milán.

Algunos días antes de la tragedia, el Departamento de Estado de los EEUU ya alertaba del riesgo de que se produjera un ataque en el viejo continente durante Navidad. No se trataba de algo desconocido para Europa, donde todavía resonaban los ecos del atentado de Niza del 14 de julio de 2016. Mientras miles de personas celebraban el Día Nacional de Francia en un evento que tenía la playa como punto de reunión, un terrorista condujo un camión con la intención de atropellar a los asistentes mientras también utilizaba su arma de fuego, con el resultado final de 86 muertos. Dos semanas después, en rueda de prensa, el ministro de Interior francés, Bernard Cazeneuve, aseguraba que se iba reforzar la seguridad de 56 grandes eventos que se celebrarían durante verano y la prensa mundial destacaba la movilización de 23.500 policías, gendarmes, militares y reservistas para dichos eventos ante la amenaza terrorista. A pesar de los esfuerzos, numerosos eventos estivales, especialmente los que se celebraban al aire libre, fueron cancelados.

Desafortunadamente, pocos meses después, los últimos acontecimientos vuelven a manifestar la compleja relación del binomio evento y seguridad en la sociedad actual, aunque ahora cambie el valor a proteger y en lugar de eventos estivales ahora toque hablar de proteger (o revisar la protección) de los eventos navideños.

 

En el punto de mira de los terroristas siempre ha estado la celebración de todo tipo de eventos, como los deportivos y musicales, tanto para causar un mayor número de víctimas como para conseguir una mayor repercusión. En EEUU ya sucedió con un evento deportivo, como es la popular Maratón de Boston, que también reunía algunas características que lo convertían en posible objetivo: relevancia internacional, concentración de multitudes e inmediato efecto mediático. Cerca de las tres de la tarde del 15 de abril de 2013, dos artefactos explosivos detonaron en el área cercana a la línea de meta de la competición causando la muerte de tres personas y 282 heridos. Por su parte, en Europa están muy presentes los ataques terroristas de noviembre de 2015 en París donde, a pesar de la detección del terrorista que pretendía entrar al Stade de France en Saint-Denis y la correcta gestión del confinamiento de los espectadores en el mismo, se produjeron 137 muertos, en su mayoría víctimas de otro ataque simultáneo a la sala Bataclan donde se concentraban los asistentes a un concierto.

En aquellas ocasiones, se concretaron medidas que, de una manera u otra, impactaron en el desarrollo de otros eventos mundiales de características similares como el refuerzo de los controles de acceso, mayor presencia policial en las calles o en los lugares de celebración de los eventos.

Como suele ocurrir, las fuerzas y cuerpos de seguridad han reaccionado para intentar garantizar la seguridad, una ‘seguridad’ que define dentro del contexto de los eventos el United Nations Interregional Crime and Justice Research Institute, como “la ausencia de amenazas potencialmente dañinas a través de la organización del evento y/o la prevención por parte de la autoridad de su materialización como daño”.

 

En el caso de España, la importancia y la interrelación entre la concentración de personas y la seguridad queda de manifiesto en la propia descripción del nivel de alerta terrorista 4, decretado por el gobierno a mediados de 2015 y que califica el nivel de riesgo como alto. Entre las medidas que destacan esta la mayor presencia de agentes en las calles y la movilización de unidades especiales de intervención en infraestructuras esenciales y también en aquellos sitios con gran afluencia de personas.

La reacción ha sido casi inmediata debido también a la premura impuesta por la existencia de mercados y ferias navideñas y la proximidad de eventos con grandes aglomeraciones en muchas ciudades donde se celebran la Nochevieja, las carreras navideñas o las cabalgatas para los más pequeños. El escrito de la Comisaría General de Seguridad señala la manera en que se debe hacer frente a esta nueva amenaza, conocida en inglés como ‘vehicle ramming’ (vehículo ariete):

“La protección de estos espacios públicos se debería llevar a cabo por los ayuntamientos mediante la instalación provisional de grandes maceteros o bolardos en los accesos para dificultar o impedir la entrada de vehículos, permitiendo únicamente el acceso controlado de los que estén debidamente autorizados”.

 

Más allá de España, la prensa internacional recogía todas las acciones casi inmediatas que en muchos lugares se desarrollaban en la línea de lo anteriormente señalado y se veían imágenes de tanquetas patrullando mercados navideños en Budapest, bloques de hormigón siendo instalados en los Campos Elíseos de París o en la ciudad de Boston, o una elevada presencia policial en cualquier mercado o evento navideño alemán.

 

En paralelo, también se alerta sobre la interferencia de la instalación de dichas medidas de protección sobre la gestión de otro riesgo como es el de la gestión de las masas, ya que no conviene olvidar que en un momento en que el pánico (justificado o no) pueda manifestarse, serán necesarias vías de evacuación suficientes para todos los asistentes. Tal y como identifica Pedro Soria“la reunión de un elevado número de personas se manifiesta en ocasiones de manera trágica, en forma de accidentes con graves consecuencias, y tiene una repercusión social elevada, que pone de manifiesto errores en la gestión del riesgo”. Para la reducción de dicho riesgo, es necesario analizar las características propias de la instalación (anchos de paso, ubicación de salidas, escaleras, pasillos, mobiliario, características del suelo, señalización, iluminación, megafonía, etc.) así como el propio entorno. Los hechos recientes demuestran que no es tarea fácil debido a factores como la buena planificación de ataques terroristas, frente a los que los eventos de menor relevancia deberán también centrar sus esfuerzos y procesos en minimizar su posible impacto.

Pero las medidas de seguridad derivadas de estos hechos, no sólo afectan a la seguridad de los propios eventos en sí, sino que también impactan sobre la propia movilidad e incluso sobre la logística de las ciudades. Así ha ocurrido en Madrid, donde el Ayuntamiento de Madrid ha prohibido la circulación de camiones de más de 3.500 kilos durante las cabalgatas de reyes que se celebrarán los días 3, 4 y 5 enero, tras acordarlo con la Policía Nacional y definir un cuarto filtro de acceso en el centro de la capital destinado a controlar el acceso de cualquier tipo de vehículo no autorizado durante la celebración de Fin de Año.

 

Por tanto, no sólo los maceteros, bolardos o bloques de hormigón serán utilizados como medidas de protección físicas adicionales, sino que también el establecimiento de medidas excepcionales sobre la movilidad de los vehículos en el entorno de los eventos se han convertido en los nuevos elementos sobre los que se basa ese aumento de la seguridad preventiva perceptible para el ciudadano.

La amenaza del terrorismo sobre los eventos está más que nunca sobre la mesa y así lo apuntan los expertos que indican que la seguridad, junto con la tecnología, serán dos factores claves durante 2017. Los estudios recientes muestran un aumento del valor de la seguridad en el contexto de los eventos, tanto a nivel de planificación, gestión e integración como una pieza más de la comunicación del mismo, que debe ir acompañado de un análisis de las nuevas amenazas. Garantizar la seguridad de dichos eventos supone llevar a cabo todo aquello que se considere razonable para que los participantes del mismo puedan estar seguros, protegiendo los valores del intercambio ideológico, cultural y/o económico, pero por encima de ellos, la vida de las personas.

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