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La leyenda del dragón

Situación surrealista total en el ferry. Allá que empiezan a entrar ojos rasgados, y más y más y más… No estamos muy seguros de cuánta gente entró pero sí del gallinero que parecía aquello hasta que de pronto el ferry empezó a botar por las olas y se empezaron a oir gritos y “gruaaaaajjjs!!!” de arcadas. ¡¡¡¡Todos más amarillos de lo normal!!!

¡¡¡Pasa por desayunar tanques de fideos!!!

Afortunadamente no llegaron olores porque si no yo caía como una campeona…

Fuera de historias de vomitonas vietnamitas, la Bahía de Halong es chula. Quizá esperábamos más por todo el bombo y platillo que se le da, pero es muy bonito y sobre todo muy relajante. Tuvimos el barco para nosotros solos. Nos acompañaba una familia vietnamita de madre, padre e hijo, y un guía que resultó ser un poco tontín. La familia majísima. La señora cocinaba de maravilla (pescado y marisco), el señor se vino por la noche a tomar chupitos de pacharancillos y orujos vietnamitas hechos de arroz y frutas del bosque y nos echamos unas charletas en vaya usted a saber qué idioma, que no sé ni cómo nos entendimos. 

Estuvimos dando un paseo de una hora en busca de monos por las islas en kayak. A mí me tocó con “M”, que remar, remaba poco, así que iba más pendiente de no dejarme los brazos en el intento, que en buscar macacos. 

Decidí dormir en cubierta en lugar de meterme en la habitación y por un momento aluciné entre las estrellas, las rocas e islitas q se intuían alrededor y la conversación en vietnamita de antes de dormir de la familia… Un lujo. Y con tanta paz alrededor creo que tardé en dormirme cinco minutos escasos. Lo malo es que tuve que irme dentro a media noche porque se puso a llover… Pero no me apetecía nada porque en el camarote había amiguitas negras cuyo nombre empieza por cuca y acaba por rachas. Un asco pero mejor no pensarlo.

Al día siguiente, bañitos de mar, alguna medusa gigante, sol, islas, una cueva en la que el guía se empeñaba en decirnos que aquella roca tenía forma de elefante, la otra de señor y la de más allá de dinosaurio… Pero igualmente muy chulo. Dicen que la Bahía de Halong se formó por los coletazos de un dragón y me lo creo. Iban los chinos invadiendo territorio y seguro que se enfadó y fue dando bandazos por ahí. Aunque también hablan de que iba escupiendo esmeraldas que se convirtieron en islotes (no tiene mucho sentido esta opción porque serían ricos ahora,  pero bueno) y dicen que cuando hay niebla es aliento de dragón (bonita excusa para cuando llegan olores fétidos porque la bahía muy limpia, muy limpia, no está) 

Volvimos a Hanoi por la tarde esta vez sin vomitonas y en furgo para nosotros solos. Ver conducir a esta gente ataca de los nervios o hace que agradezcas estar vivo… El caso es que son una pila de gente y ¡¡no se hacen nada!!! Podría haber miles de accidentes pero ¡ni un golpe!

Y Hanoi es un caos. Un caos de motos, gallinas, cajas, bicicletas, timadores, agencias de viajes cuatriplicadas en la misma calle, falsificaciones, puestos de comida algo sucios, gente en la calle sentada en mini taburetes,… Si mi compi “P” me lee, me mata, porque ella vivió en Vietnam y es una enamorada de las avenidas francesas y del lago (simple no, lo siguiente, el lago no “P”), pero a mí me pareció que no tiene grandes maravillas y encima te asas entre motos.

Hemos ido al teatro de marionetas en el agua. “El mejor espectáculo del país” decían, “marionetas bailando en el agua”… Y se olvidaron de los cánticos de gato muerto y el rollo patatero para los que no entendíamos nada. A ver, que los instrumentos y eso pues eran chulos porque nunca los había visto pero me hubiera servido una actuación de 10 minutitos.

La próxima parada será Tam Coc y de allí a Hanoi de nuevo. Seguimos recordando y soñando con volver..

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