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If you are going to…¡Bilbao!

Desde que cambié de trabajo, me toca viajar a Bilbao algún día. Uno de estos viajes, lo pude hacer en viernes, así que decidimos que se viniera mi chico y aprovechar así para conocer la ciudad.

Vino a buscarme a la salida del curro y nos fuimos a comer de pintxos. Es algo obligatorio por esta tierra, los pintxos y los zuritos (medio vaso de cerveza o corto). Y las tortillas de patatas con o sin cebolla, rellenas… ¡una pasada! Así que como nos alojábamos en el hotel Abando (os dejo aquí mi opinión), nos quedamos tomando algo por los bares que hay junto a los jardines de Albia y  la calle Ledesma.

Desde ahí, fuimos dando un paseo y cruzamos la ría hasta llegar al Casco Viejo. En esta zona, además de muchos más bares, también podéis caminar por las 7 Calles, que son el origen de la ciudad. Por lo que pudimos saber después, originariamente fueron tres, pero pasaron enseguida a ser siete. Además, curiosamente son las únicas calles totalmente paralelas de Bilbao. Estas calles “protegen” la Catedral de Santiago, que está declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco dentro de los Caminos de Santiago.

Después de hacer una parada y tomar algo también por la zona, continuamos caminando hasta llegar al Mercado de La Ribera, mercado cubierto con grandes vidrieras de colores, en el que podéis encontrar tanto puestos de alimentos varios de venta al público, como bares. ¡Además, hay veces que hay música en directo! Muy recomendable visitarlo.


Mercado de la Ribera

Terminamos el día paseando por la ría, acercándonos hasta ell famoso puente Zubizuri (o de Calatrava) de vuelta al hotel.

El sábado lo comenzamos desayunando en una de las pastelerías Arrese que nos quedaban cerca. ¡Qué cosas más ricas! Tienen muy poquitas mesas porque es más repostería para llevar, de hecho si paráis aquí, probad las trufas, son especiales y diferentes a las que conocemos de siempre.

Desde aquí, y por mi manía de ir a ver los estadios de fútbol fuimos paseando por la Gran Vía, o calle Don Diego López de Haro atravesando todo el barrio de Abando, hasta llegar al parque de Doña Casilda de Iturrizar. Si os gustan los museos (o si tenéis tiempo), ahí se encuentra el museo de Bellas Artes de Bilbao.

Independientemente de si entráis al museo, la parada en este parque merece la pena, para pasear, ver el estanque con los patos, las estatuas del parque (doña Casilda, Tonetti…), tomar algo en las terrazas del museo…

Continuamos nuestro recorrido y casi saliendo de este parque, nos encontramos con el siguiente, el de La Misericordia, pequeñito pero bien cuidado y preámbulo del Nuevo San Mamés. La zona del estadio, además de este parque colindante, es una amplia explanada peatonal, rodeada de bares, y en medio el estadio. Dimos una vuelta alrededor, por ver si podíamos asomarnos por algún sitio, pero no hubo suerte. Lo que sí vimos fueron pruebas de coches eléctricos que molaban un montón.

Desde aquí cogimos el metro hacia Getxo, municipio donde tiene su salida al mar el río Nervión y que cuenta con distintas playas. La idea que teníamos era acercarnos andando, pero ya llevábamos bastante camino hecho y nos quedaba aún mucho por andar.

La principal atracción de este pueblo, y por lo que fuimos hasta allí, es el Puente Colgante (o Puente de Bizkaia) que lo une con Portugalete. Es una obra enorme e increíble, por la que puedes cruzar de una orilla a otra bien por la pasarela que hay en lo alto, o bien en el vagón trasportador, en el cual además de personas, pueden viajar vehículos de cualquier tipo.

La vuelta la hicimos hasta Indautxu, y desde ahí anduvimos hasta la plaza de Arriquíbar, donde comimos en “La Mary”, restaurante que no está mal salvo por la lentitud del servicio.

Otra vez en marcha ya que habíamos dejado para por la tarde la visita al Guggenheim. Sobre el museo, y sin que nadie se ofenda, menos mal que nos habían regalado las entradas y no tuvimos que pagarlas (que no son baratas), pues me decepcionó un montón. Creo que es mucho más bonito e interesante el edificio en sí, por fuera, que las exposiciones. La única que me llamó la atención fue “La Materia del Tiempo”, que son ocho esculturas basadas en secciones de distintas superficies geométricas, y en las que paseando en su interior puedes percibir sonidos de diferentes formas.

Volvimos paseando por Uribitarte pegados a la ría, hasta llegar a la calle Ercilla y cercanas para cenar.

El plan del domingo era subir al mirador del monte Artxanda. Para ello fuimos andando hasta el Campo de Volantín, pasando por el puente Zubizuri o de Calatrava, súper famoso, y cogimos el funicular. La entrada se coge directamente allí, y el trayecto dura menos de cinco minutillos.

Este mirador es un lugar único, súper espectacular, y desde donde puedes obtener las mejores vistas de todo Bilbao. Además, si os apetece, también hay restaurantes (hay que reservar previamente) donde poder comer disfrutando de las vistas.

Cuando bajamos de Artxanda, ya era prácticamente hora de comer, así que para terminar nuestra visita a la ciudad fuimos hacia la Plaza Nueva, donde todos los días hay mucho ambiente y sobre todo los domingos. Allí, entre los pintxos y raciones probamos las rabas, que son muy típicas en la zona, y muy ricas la verdad.

Los bares que encontramos aquí eran más chic y sofisticados, algo más caros los pintxos, pero muy buenos.

Y ya de vuelta a por las maletas y al aeropuerto. Fin de semana intenso, con un tiempo increíble que nos acompañó todo el viaje.

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