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Fernweh: El trastorno del viajero y mi crush Ecuatoriana.

Conocí esta palabra por una mujer con la que estuve cruzando whatsapps durante los últimos meses. Ella: un espíritu libre, una viajera empedernida, gastando su vida y ahorros conociendo cada rincón posible de este continente. Siempre sintiéndose mal en casa y nunca fuera de ella, Colombiana pero residente en Ecuador, me rompió las pelotas (que no tengo) 1000 veces haciéndome saber que Quito no era su lugar y que nunca se sintió bien en Ecuador y de allí su necesidad incansable de viajar y conocer otros sitios.

Si hacemos una búsqueda rápida del término Fernweh encontraremos que es un extranjerismo alemán que se traduce en algo como sentir nostalgia por otros países o lugares lejanos, vaya uno a saber como se puede sentir nostalgia, por un sitio que no se conoce. Obsesionada con ella y con el término, me dí a la tarea de buscar un poco más y encontré que hay muchos blogs y comunidades de gente que se identifica con el ambivalente sentimiento que encarna nuestra palabra alemana. Muchos jóvenes contemporáneos están metidos en la onda de los viajes y el mochileo, la regla es que hoy todos quieren pasarse la vida recorriendo el mundo, andando en tren, en bus, y compartiendo sus asombrosas experiencias con el resto de los mortales a través de Instagram. Porque, claro, para ellos quienes trabajamos en oficina somos seres de segunda que no sabemos lo que es disfrutar la vida.

Entonces, después de tener la idea en la cabeza por muchas semanas y de mandarme al carajo con mi catfish Ecuatoriana, decidí finalmente plasmar en papel lo que le quise manifestar en muchas oportunidades y es que su idea de como se debe vivir la vida es en parte una gran tontería. Claro, viajar es lo máximo, creo que a todos nos gusta hacerlo y por eso nuestras vidas “vacías” de oficina se sienten completas cuando podemos vislumbrar cerca en el calendario el próximo festivo o el próximo viaje. Pero lo que le da sentido a viajar es justamente eso: el valor que tiene esta actividad esporadica para sacarnos de la rutina y permitirnos conocer cosas nuevas, si viajar se vuelve la constante pues quizás ya no tendría tanto valor hacerlo.

Y aunque no lo parezca, respeto a la gente que quiere vivir así. Yo como la joven anciana,  amargada,  y asustadiza que soy no me atrevo ni a compartir un Uber con un desconocido menos me atrevería a compartir el baño, el cuarto, la cama y hasta la vida con una partida de desconocidos de diferentes nacionalidades. Entonces lo que me enerva no es el viaje en si, sino la actitud que asumen muchos viajeros de mirarnos al resto de nosotros por encima del hombro  y de querer hacer su estilo de vida el pináculo de la felicidad contemporánea, cuando hay tantas maneras de vivir la vida, todas tan respetables; y, cuando muchos de nosotros elegimos la vida de oficina por razones igual de valiosas y profundas que las que llevan a los mochileros a viajar. Aunque muchos no lo crean.

Y a TI, te digo que espero no te ofendas si alguna vez lees esto. Sin poner mi nombre sabrás que fui yo quien lo escribió.

A TI te digo que no creo que la felicidad la encuentres en Brazil, ni en Italia, ni en Colombia. A veces solo hay que comprometerse con algo y darle un poco de tiempo para esperar que de frutos.

 

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