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El último día en Tenerife – Güímar

Caldera de Pedro Gil

20.02.2020

Este año tuvimos la suerte de haber planeado las vacaciones en febrero antes de que todo se pusiera terrible. El último de los días nos tocó dejar la casa en el Puerto de la Cruz y volver al aeropuerto del sur para coger el vuelo de vuelta por la tarde. De camino paramos en el pueblo de Güímar

Dragón de Komodo

La vez anterior recuerdo haber subido por la autopista desde Adeje, leer un letrero que anunciaba las pirámides del lugar y ver desde la carretera lo que yo entonces creí que eran las mismas y que luego he sabido que era la formación geológica llamada volcán del Socorro.

Es decir, que no sabía nada de las tales pirámides. Creí después que seríán una cosa guanche, pero en cambio no deben de ser especialmente antiguas, más bien del siglo XIX y por lo que leí poco tras estar allí, obra de los labradores que apartaban las piedras de los campos de cultivo.

Pero como el tema piramidal siempre ha estado vinculado a teorías extrañas de civilizaciones antiguas e incluso de ovnis y cosas más extrañas aún a un promotor de lujo, el noruego de la expedición Kontiki a la Isla de Pascua se le ocurrió montar un parque educativo de carácter etnográfico.

Un parque en el que lo de menos son seguramente las propias “pirámides” y lo de más la información sobre la geología, historia, flora y fauna de las Canarias.

Y ahí estuvimos un par de horas haciendo el recorrido en un díá de sol agradable.

La idea más curiosa que se me quedó es que seguramente los muros de piedra que se encuentran en muchos espacios rurales tienen más la función de mejorar la superficie de cultivo favoreciendo la labor del arado que la de reivindicar la propiedad, cosa que nunca antes se me había ocurrido.

Además del recorrido básico “canario”, había otras partes del parque en el que se explicaban las migraciones polinesias y plantas venenosas a las que no accedimos por falta de tiempo (también hacía falta billetes suplementarios, aunque combinándolos con el general eran más baratos).

Antes de entrar al recorrido propiamente dicho hay una serie de salas de exhibiciones sobre pirámides de otros lugares del mundo, la obra de Thor Heyerdahl, vídeos, etcétera.

Güímar se encuentra en la vertiente de lava que acaba en su malpaís. En la montaña puede verse marcado el camino por el que en su día bajó.

Tras salir de la población, que tiene un tráfico complicado entre que todo está en cuesta y las calles de sentido único, bajamos al puertito por si se podía comer ahí. Seguramente sí, pero no nos convenció demasiado.

De allí seguimos hasta Candelaria donde aparcamos y nos dio tiempo de ver a la patrona de la isla y de comer pabellón en un garito arepero venezolano.

Y con eso hicimos el día: aeropuerto sur, devolver el coche, mirar el famoso médano de la expedición de Magallanes y volar para casa.

Antes de ir para allá, Güímar fue uno de los sitios que la jefa miró para alquilar una casa. Después de haber estado me ha parecido bastante mejor que antes de ir. Esa manía de intentar estar cerca del agua del mar.

Al poco de volver hubo incendios, calima, los primeros positivos de covid-19 en el sur de la isla y luego el confinamiento y todo lo demás en lo que llevamos inmersos 5 meses.

El golpe de la crisis en la que estamos entrando puede ser brutal para las Canarias, que ya en condiciones normales andaba por encima del 20% de desempleo. Sin turismo no sé qué puede ser del archipiélago.

Esperemos que las cosas salgan lo mejor posible y si lo que hace falta para ayudar a salvar aquello es que volvamos a ir, siempre dispuestos.

El médano

Hasta la próxima, Teide

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