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El Barrio Chino de Lima, entre sabores y tradiciones

Lima

No es tan grande ni glamuroso como el de San Francisco o Nueva York, pero el Barrio Chino de Lima tiene su propio encanto. Es un pedacito de Oriente incrustado en el tráfago vehicular y comercial del centro de la ciudad, que durante décadas ha luchado por sobrevivir.

Allí donde el calendario tiene 13 lunas y donde el olor a pato asado impregna el ambiente, se encuentra la legendaria Calle Capón, donde aún es posible ver a los viejos comerciantes que no se rinden ante una época marcada por la tecnología y los centros comerciales.

Ahora ya no es barrio, ni tiene muchos chinos, pero fue el sitio donde el chifa, el chow mein y la acupuntura llegaron a Lima. Hoy, orgullosamente remodelado, la Calle Capón sigue siendo motivo de atracción, aunque debido a lo pequeño de su tamaño (apenas una cuadra) no está ni por mucho a la altura de todo lo que la migración china ha representado para el Perú.

Aquí, lo que te llamará la atención son sus calles donde predomina el rojo, sus farolillos y letreros en las puertas de los negocios, así como calendarios con la efigie del dragón. Los letreros indican “buena suerte” y “primavera”, en tanto que el color rojo busca asustar a Nian, el demonio chino.

También te llamará la atención el Arco de ocho metros de altura y trece metros de ancho que te da la bienvenida. Este imponente arco chino, de columnas rojas -inaugurada en 1971 y donada por el Gobierno de Taiwan- y que de noche sorprende con sus luces de neón multicolores, es el ingreso a ese pequeño mundo de inciensos, tofu, dragones, librerías, chifas, caminantes apurados, vendedores y viejos comerciantes que están sentados en sus calles como tomando té chino

Lo que se conoce como el “Chinatown” de Lima, que abarca la calle Capón (cuadras 7 y 8 ) y los jirones Andahuaylas (cuadras 7 y 8), Paruro (cuadras 7,8 y 9) y Huanta (cuadra 9).

La verdad que este lugar era la atracción como abejas al panal de la gente de billete de antaño. Aquí funcionaba los mejores chifas de la ciudad, siendo los más conocidos el Ton Qui Sen, San Joy Lao, Men Yu, Kuong Tong y Tong Po. Eso hace cuatro décadas.

Hoy, el Barrio Chino va reencontrando el esplendor de antaño. Nuevamente se puede caminar por sus calles sin temor a ser atropellado por el ejército de vendedores ambulantes que se habían apoderado de sus veredas. Nuevamente se puede disfrutar de los salones de té ubicados en la calle Capón y de los chifas del jirón Paruro.

A paso lento podemos ver en sus distintas vitrinas los chifas y bodegas pollos asados, patos, salchichas chinas, bocaditos chinos, dulces y salados. Todo nos jala la vista. Hay numerosas bodegas, incluso hay dos supermarket (en la calle Paruro) llenos de productos llegados de oriente, encontramos espadas y esculturas imponentes. Hay de todo, desde platos, palitos chinos, accesorios para chifas, lámparas, sandalias, vestidos, revistas, hasta sopas instantáneas, fideos , salsas, huevos de mil años, periódicos chinos y hasta descendientes de Confucio que nos leen la suerte.

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