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Dos días en Atenas

Grecia era uno de los países europeos que más ganas tenía de visitar y mi objetivo se cumplió en agosto del año pasado. Disfrutamos de una semana en la que recorrimos Atenas y las islas de Mykonos y Santorini.

Pese a que este verano no se puede viajar, os invito a acompañarme en esta ruta que os dará ideas para futuros periplos.

La capital de los helenos es fascinante. No tiene muy buena fama e incluso hay quien no la recomienda, pero teníamos claro que ver la Acrópolis era indispensable, por lo que le dedicamos dos jornadas.

Atenas - Nahia Nebra

Un consejo útil es adquirir el pack de entradas para los siete principales monumentos. Cuesta 30 euros y sólo el acceso a la Acrópolis son 20 euros, por lo que se amortiza rápidamente. Lo mejor es comprarlo en alguno de los lugares menos transitados y así se evitan las colas en el resto y se entra directamente.

El Partenón es el símbolo de la Antigua Grecia en estado puro. El templo, consagrado a Atenea, se encuentra dentro de la Acrópolis (que significa “ciudad alta”) y es, sencillamente, espectacular.

Partenón - Nahia Nebra

Sin embargo, la Acrópolis es mucho más. Está el Erecteón, con sus famosas Cariátides. Las que hay allí son réplicas. Cinco de las originales están en el ateniense Museo de la Acrópolis y la sexta en el Museo Británico de Londres.

Menos conocido, aunque igualmente digno de contemplarse, es el Odeón de Herodes Ático, donde aún se celebran eventos.

Y es interesante el origen mitológico del olivo. Los dioses Atenea y Poseidón querían poner nombre y ser los patronos de la ciudad y Zeus decidió que compitiesen. Poseidón clavó su tridente en una roca de la que nació un manantial de agua salada, que casi inunda la urbe, y Atenea golpeó la roca con su lanza y brotó un olivo. ¿Imagináis a quién eligieron los pobladores?

Acrópolis de Atenas - Nahia Nebra

De los monumentos restantes visitamos la Biblioteca de Adriano; el templo de Zeus, con sus columnas de 17 metros de altura; y las Ágora Antigua y Romana.

El Ágora es lo que entenderíamos por plaza central en las localidades actuales, el lugar de reunión de los habitantes. La Antigua es, junto con la Acrópolis, un sitio que no debe dejarse de ver. Dentro está el templo de Hefesto, similar al Partenón, pero en mejor estado. Una joya menos conocida. También hay una Stoa (un tipo de edificio que solía acoger el mercado) reconvertida en un museo.

Templo de Hefesto - Ágora Antigua . Nahia Nebra

Dejando la Grecia Clásica a un lado. ¿Qué más nos ofrece Atenas? Es una ciudad cómoda para disfrutarla a pie y tiene mucho ambiente callejero. Es cierto que algunas zonas están un poco dejadas, aunque el centro es digno de recorrerlo.

El barrio de Plaka, a los pies de la Acrópolis, es el más antiguo. Posee encanto y diversas opciones para degustar la deliciosa gastronomía griega. A lo largo del viaje comimos, en multitud de ocasiones, ensalada griega (con tomate, pepino, pimiento, cebolla roja, queso feta, alcaparras y aceitunas kalamata y aliñada con sal, pimienta negra, orégano y aceite de oliva), moussaka y yogur griego.

Para ir de compras el barrio de Monastiraki es perfecto. Los souvenirs son más baratos y sus calles son similares a los zocos. Los artículos estrella están ligados al olivo en cualquiera de sus vertientes y es ideal para los amantes de las sandalias planas.

Por último, cada hora en punto en la plaza Syntagma, frente a la Tumba del Soldado Desconocido, se realiza el cambio de guardia. Es uno de los más curiosos que he visto. Los soldados, llamados evzones, lucen un uniforme peculiar con una camisola blanca plisada, un chaleco bordado y un gorro rojo del que cuelga una coleta en uno de los lados. Su calzado tiene un borlón en la punta y una chapa metálica en la suela que hace un sonido similar al de los caballos.

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