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Crucero por el Mediterráneo. Día 2. Marsella II

Desde el Memorial de la Marsellesa seguimos dirección al puerto. Tomamos la Rue de Bir-Hakeim hasta el Palacio de la Bolsa. Inaugurado en 1862 por Napoleón III, alberga la Cámara de Comercio más antigua de Francia y también el Museo Marítimo y Económico de Marsella.

Palacio de la Bolsa

Fue el primer edificio que se erigió en el Segundo Imperio y supuso el punto de partida de una gran ola de construcción de edificios públicos en Marsella en la mitad de siglo XIX. En su día no tenían muy claro el lugar en que debería ubicarse, puesto que había partidarios de que se construyera cerca del ayuntamiento y otros de que se hiciera cerca de la plaza real. Finalmente se decidió que fuera frente a la Plaza de la República.

Al lado, encajonada entre edificios, se encuentra la Iglesia Saint Ferreol Les Augustins.

Iglesia Saint Ferreol Les Augustins

Se erige en el lugar en que un día hubo una capilla y ha sufrido muchos cambios a lo largo de los siglos. Del momento de su construcción tan solo se conservan las paredes principales y las capillas laterales. Su fachada, por su parte, data del siglo XIX.

Iglesia Saint Ferreol Les Augustins

La parte trasera no tiene mucho que ver con esta delantera de estilo neobarroco que mira al puerto.

Y aunque habíamos llegado de nuevo al agua, volvimos a adentrarnos, esta vez por la Rue de la Republique.

Rue de la Republique

Originalmente llamada Calle Imperial, fue diseñada a mediados de siglo XIX dentro del nuevo plan urbanístico para unir el puerto viejo con el nuevo de mercancías. Tras tirar casi mil casas y unas obras que duraron 24 meses, finalmente se inauguró en 1864 con la presencia de Napoleón III.

La calle ha sido renovada a principios de este siglo y acoge muchas tiendas de renombre así como hoteles de cuatro estrellas.

Giramos a la izquierda en la Grand Rue, pues en el número 27 se encuentra la casa más antigua de Marsella que queda en pie, el Hôtel de Cabre.

Hôtel de Cabre

Data de 1535 y tiene una combinación de estilos gótico y renacentista. Fue construida para el conde de Cabre, comerciante y regidor de Marsella.

Desde el siglo VI a.C. la Grand Rue ya era una de las calles más transitadas de la ciudad. Daba acceso a los edificios públicos y era usada para los mercados y las ventas de los artesanos.

En 1943 los alemanes acorralaron a la población y enviaron unos 25.000 habitantes a campos de concentración. Después bombardearon las áreas viejas destruyendo 1.924 edificios. Tan solo unos pocos se salvaron, y este edificio fue uno de los afortunados.

Placa conmemorativa a la población deportada a campos de concentración

En 1954, cuando se reconstruyó la zona, la casa fue trasladada y girada 90º para que quedara alineada a la calle principal. De ahí que no coincida el nombre de la calle que figura en la placa con el que tenía tallado en su día.

Hôtel de Cabre

Se aprovechó para rehabilitar también su fachada, que estaba dañada por las explosiones de los nazis. Y creo que va siendo hora de que le den un lavado, porque está muy ennegrecida.

Siguiendo la Grand Rue pasamos por el Intercontinental – Hotel Dieu, que data del siglo XVIII.

Intercontinental Hotel Dieu

El primer Hotel Dieu en Francia surgió en el siglo VII, parece que como hospital de peregrinos. Sin embargo, poco a poco su función fue cambiando. Cuando la Cofradía del Espíritu Santo llegó a Marsella en 1166 se estableció aquí y fundó el Hospital del Espíritu Santo, un conjunto de casas que se comunicaban entre sí. En el siglo XIII pasó a ser municipal y en 1344 se fundó el Hospital de Santiago de Galicia, exclusivo para mujeres. En 1593 se unifican ambas instituciones como Hotel Dieu.

La población siguió creciendo con los siglos, a pesar de las epidemias, y el hospital se queda pequeño, con lo que se realizan diferentes ampliaciones en varios momentos de su historia. En 1865, por ejemplo, se le añadieron las dos alas laterales al edificio principal.

En 1993 cesó su actividad y se convirtió en un centro de enseñanza de enfermería. Sin embargo, duró poco, ya que en 2006 cerró y ya volvió a abrir como Hotel de 5 estrellas en 2013. Cuenta con 194 habitaciones, dos restaurantes, un bar, una terraza con capacidad para 160 personas, una Spa y una piscina cubierta. Además, cuenta con unas vistas despejadas del puerto, ya que se encuentra en un alto y no tiene edificios delante, sino una plaza.

En ella se halla la Casa de diamantes, que recibe su nombre por su peculiar fachada.

Casa de diamantes

Se cree que fue construida entre finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, así que es una de las más antiguas de la ciudad. Copia el estilo de los Medici en Italia y, aunque fue erigida a petición de ricos comerciantes italianos y españoles, ha sido residencia de familias importantes de Marsella.

Es Monumento Histórico desde 1925 y consiguió sobrevivir a la destrucción del barrio en 1943. Desde 1967 alberga colecciones del Museo de la Antigua Marsella.

Al lado se encuentran las oficinas del Ayuntamiento, uno de los pocos edificios que han sobrevivido a la guerra.

Ayuntamiento

Es de estilo barroco provenzal con reminiscencias genovesas y los marselleses lo apodan “la logia”. Su fachada, como no podía ser de otra forma, mira al mar. Está construido en piedra rosa de la Corona, como muchos monumentos de Marsella del Antiguo Régimen.

Conserva la estructura de la época en la que los mercaderes y los concejales no se relacionaban. Así, los primeros estaban en la planta baja y los segundos en la primera sin ningún tipo de escalera que los comunicara. Hoy, si se quiere ir de una planta a otra, hay que atravesar el edificio trasero que lo conecta por medio de un puente.

En una de las paredes laterales hay una inscripción que reza:

Tous citoyens habitants de la même commune sont garants civilement des attentats sur le territoire de la commune soit envers les personnes soit contre les propriétés.

Ayuntamiento

Esta inscripción data de finales del siglo XVIII y hace responsables a los propios habitantes del barrio de los ataques en el territorio de su propio municipio, ya sea a personas o bienes. De esta forma el Estado se lavaba las manos ante manifestaciones o revueltas en las que no podía comprobar quién había causado los daños.

Me llamaron la atención el león y el toro sostenidos por una especie de alzas en lugar de por un pedestal, aunque quizá eran temporales. No nos acercamos mucho, pues parece que había una boda y no quisimos molestar.

Ayuntamiento

Muy cerca se encuentra el Musée des Docks Romains, un museo dedicado a la vida y actividad portuaria de Marsella entre los siglos VI a.C. y el IV d.C. Pero como no teníamos tiempo para entrar, seguimos hasta la Iglesia Notre Dame des Accoules.

Iglesia Notre Dame des Accoules

Es una de las iglesias más antiguas de Marsella y lugar simbólico del barrio de Panier. Fue destruida durante la Revolución porque había albergado reuniones políticas y reconstruida en el siglo XIX. Hoy, sin embargo, solo se conserva el campanario.

A partir de aquí nos adentramos en el barrio histórico de Panier, el lugar en que nació la ciudad cuando se establecieron los griegos. El nombre se lo debe a un albergue del siglo XVII que se llamaba “Le Logis du panier”.

En el siglo XVIII se convirtió en el barrio obrero cuando los burgueses se mudaron a los nuevos barrios de la zona este. Un siglo más tarde era el distrito marinero y adquirió mala reputación como consecuencia de la prostitución y las mafias. En 1943 los alemanes también dinamitaron Le Panier y quedó prácticamente en ruinas. Tras su rehabilitación se convirtió en un barrio multicultural habitado por argelinos, magrebíes, vietnamitas… Poco a poco ha ido renaciendo gracias a sus locales y animadas callejuelas. Al igual que en la zona de Cours Julien predominan cafeterías, galerías de arte y locales de ocio. Las plazas se convierten en lugares de reunión y esparcimiento, por lo que merece la pena perderse por sus estrechas calles y conocer el Marsella más vivo.

Panier

Panier

Panier

Panier

Panier

En cierta medida recuerda a Montmartre, no solo por ser el barrio de los artesanos y artistas, sino porque también se encuentra en la zona alta de la ciudad. Y por los molinos. En la Plaza des Moulins, la parte más alta del barrio, había 40. Hoy tan solo quedan dos, uno de ellos convertido en vivienda.

Pero el monumento más representativo del barrio es la Vieille Charité.

Vieille Charité

El edificio fue construido entre 1671 y 1745 como hospicio para vagabundos, ancianos y huérfanos dentro del plan de “rehabilitación de la ciudad”. El ayuntamiento decidió confinar a los pobres en un espacio para que así no estuvieran en las calles.

Poco a poco fue perdiendo su función. En 1905 pasó a disposición del Ejército. Aún así, en 1922 sirvió para acoger a gente que había sido expulsada de sus casas cuando se demolieron algunos barrios. También en 1943 cuando los nazis volaron los barrios del Puerto Viejo. Sin embargo, quedó en abandono y en 1962 se desalojó a los que aún residían allí y se cerró el edificio.

Como consecuencia de estar abandonado y expuesto al aire del mar, fue degradándose hasta el punto de que se planteó su demolición. No obstante, se decidió llevar a cabo una exhausta restauración. Entre 1960 y 1980 se renovó y ahora se ha convertido en un centro de arte multidisciplinar que acoge además el Museo de Arqueología del Mediterráneo y el Museo de Artes Africanas Oceánicas y Amerindias.

Consta de cuatro alas dispuestas en forma de rectángulo. Cada edificio cuenta con tres pisos de galerías que se abren al patio interior de 82×45 metros.

Vieille Charité

En el centro se alza la capilla de estilo barroco italiano y cúpula elíptica. El pórtico, decorado con columnas corintias, es de estilo Segundo Imperio y evoca el tema de la Caridad dando la bienvenida a niños indigentes, rodeados por dos pelícanos que los alimentan.

Vieille Charité

Vieille Charité

Seguimos callejeando por el entramado laberíntico de Le Panier descubriendo más arte callejero y rincones pintorescos. Sin duda es el auténtico alma de la ciudad con sus tiendas de artesanía pero también con sus locales artesanales como panaderías y bollerías con productos típicos de la zona. Sobresale por encima de los demás el chocolate, área en la que destaca la Chocolatière du Panier, tienda de mayor prestigio en la ciudad.

Le Panier

Le Panier

Le Panier

Le Panier

Prácticamente al lado del puerto, en lo alto de un montículo al que da nombre se encuentra la Iglesia Saint Laurent, de estilo románico provenzal.

Iglesia Saint Laurent

Construida en el siglo XIII en el lugar en que había una más pequeña, es la iglesia de los pescadores y la única que queda en la ciudad de esta etapa y de este estilo. Su torre es posterior, del siglo XVII, de cuando fue renovada. Adosada a la iglesia está la capilla de Santa Catalina.

En la Revolución fue convertida en almacén militar y no recuperó su función religiosa hasta 1801. En 1943 se salvó de la destrucción cuando se volaron los barrios del Puerto Viejo, pero sí que se vio afectada por las explosiones.

En la zona se han llevado a cabo excavaciones que han sacado a la luz restos de un asentamiento griego de la época de la fundación de la ciudad. También se sabe que cerca se encontraba el Castillo de Babon, construido en el 870 por el obispo Babon para proteger la ciudad y que no se volvieran a repetir las invasiones bárbaras.

Desde la plaza sale la pasarela que une el barrio del Panier con el Fuerte de San Juan, ubicado en un lugar en que se han encontrado vestigios griegos del siglo VI a.C.

Fuerte de San Juan

Fue erigido entre los siglos XII y XIV para defender la puerta más antigua de la ciudad, la norte. Y en él fue donde se asentó la orden de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén (que sería después Orden de Malta) en el siglo XIII. De esta orden recibe su nombre.

Tras un saqueo aragonés en 1423, el rey René mandó construir la torre cuadrada. En 1664 se levantó el faro. Más tarde, Luis XIV amplió la fortificación y construyó un foso para que quedara aislada.

Fuerte de San Juan

Fue convertida en prisión en la época de la Revolución Francesa y allí estuvieron encerrados algunos jacobinos. Los alemanes lo usaron como almacén de municiones durante la II Guerra Mundial y una explosión accidental acabó causando graves daños, no solo al fuerte, sino también a los alrededores.

Clasificado como Monumento Histórico desde 1964, es desde 2013 el símbolo de la regeneración del Puerto convertido en el Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo (MuCEM).

Fuerte de San Juan

Este museo es el primero dedicado a las culturas del Mediterráneo. Cuenta con unos 30.000 metros cuadrados y alberga diferentes tipos de exposiciones y colecciones que sobre las civilizaciones mediterráneas a lo largo de la historia desde el punto de vista de distintas disciplinas (antropología, arte, historia…).

El edificio es un alarde arquitectónico con su forma de cubo. Su moderna estructura combina hormigón con cristal y permite que los alrededores se reflejen.

MuCEM

Desde las terrazas se obtienen unas buenas vistas de la ciudad, no solo de los fuertes o el puerto, sino de la Catedral, de la Iglesia de Saint Laurent o de Notre Dame de la Garde.

Marsella

Marsella

Volvimos a cruzar la pasarela y apurando la tarde, nos dirigimos a nuestra última parada: la Catedral Santa María la Mayor.

Catedral Santa María la Mayor

Es un imponente edificio construido a mediados del siglo XIX en piedra rosa de la Corona y estilo románico-bizantino. Era una época de gran desarrollo económico, social y demográfico para Marsella, y fue cuando se construyeron también la Estación Saint Charles, el Palacio de la Bolsa, el Palacio Longchamps, el du Pharo, el de las Artes o la Basílica de Notre Dame de la Garde. Así, en este momento de expansión no podía faltar una catedral.

Catedral Santa María la Mayor

La construcción de la nueva catedral permitió sacar a la luz un baptisterio paleocristiano de más de 25 metros. Aunque no se puede ver.

Con un estilo similar a Santa Sofía de Constantinopla, es única en su estilo en todo el país. Es además la mayor catedral construida en Europa desde la Edad Media. Es tan grande que en ocasiones se la compara con la Basílica de San Pedro del Vaticano.

Está flanqueada por dos torres rematadas en cúpulas. La galería que las une está decorada por siete estatuas que representan a Cristo y los apóstoles Pedro y Pablo, Lázaro así como Marta, Maximin y, María Magdalena. Sobre la puerta de acceso está esculpida en mármol La Coronación de la Virgen y sobre ella hay tres arcos y un rosetón junto a la representación de Jerusalén y Belén. En las otras dos puertas están esculpidas El símbolo de la Resurrección y El Agnus Dei y la Fuente de la Vida.

Catedral Santa María la Mayor

Catedral Santa María la Mayor

Catedral Santa María la Mayor

Al entrar entendemos las referencias a Santa Sofía. Las comparaciones son odiosas, claro, pero impresiona la altura de sus naves, las bóvedas y cinco cúpulas sostenidas gracias a las abundantes columnas de mármol y pilares.

Catedral Santa María la Mayor

Catedral Santa María la Mayor

La catedral se compone de tres naves, una central y dos laterales. Destaca el altar mayor realizado en mármol de Carrara y ricamente decorado con mosaicos.  A su izquierda queda la capilla del Sagrado Corazón y a la derecha la de San Lázaro.

Catedral Santa María la Mayor

Catedral Santa María la Mayor

Catedral Santa María la Mayor

Baptisterio

Pero sin duda lo que más me llamó la atención fue el suelo decorado con diferentes motivos.

Catedral Santa María la Mayor

Catedral Santa María la Mayor

Está recién renovada en 2017 y se nota, porque brilla en todo su esplendor.

Y ya casi rozando el atardecer, nos dirigimos a la parada de la Joliette para tomar el bus. No queda muy lejos de la catedral, así que la bordeamos previamente. Y nos sorprendió encontrarnos con un grupo de jóvenes jugando a la petanca. Es curioso, pero parece que en España es un juego de jubilados, pero ya habíamos visto en Suiza y ahora en Francia, que por aquellos lares lo practicaba gente de todas las edades.

Catedral Santa María la Mayor

Catedral Santa María la Mayor

Aún no se había hecho de noche, pero sabíamos el recorrido en bus nos llevaría un rato hasta llegar al puerto y después tendríamos que andar otros diez minutillos hasta el barco, así que no nos entretuvimos más. De todas formas, la escala resultó bastante provechosa y pudimos recorrer tranquilamente la ciudad ya que todo queda bastante cerca (a excepción de Notre Dame de la Garde).

Una vez en el barco, y dado que apenas habíamos picado algo a media mañana, nos acercamos al buffet a hacer una comida-merienda y después al camarote a descansar. Aunque la salida de puerto sabíamos que no iba a ser muy memorable, subimos para despedirnos de Marsella y, como aún era pronto, fuimos al Anchor Bar a tomar unas cervezas. No todas estaban incluidas en nuestro pack, pero había bastante donde elegir. Eso sí, echamos de menos unas tapas.

Anchor Bar

Carta bebidas pub

Carta bebidas pub

Volvimos al camarote para prepararnos para la cena, que cambiábamos de horario y de salón. En este predominaban las mesas redondas, tipo boda, aunque a nosotros nos asignaron una para dos de las cuadradas, que no abundaban tanto.

Menú

Para nuestro segundo día elegimos unos platos muy regionales. De primero la ensalada niçoise, típica de Niza, y la bouillabaisse, propia de la cocina marsellesa. El nombre de esta modesta sopa proviene de bouillir (hervir) y baisse (desechos) ya que era el recurso de los pescadores para aprovechar el pescado que no habían conseguido vender. Así, podía incorporar al menos una media docena de pescados diferentes, sobre todo los de roca (congrio, gallo o rape) que no tenían mucho público. Para su elaboración se cocían los diferentes pescados con hierbas aromáticas y verduras. Después se servía acompañada con picatostes.

Hoy en día ha evolucionado y se sustituyen aquellos pescados por marisco o langosta, sobre todo en los restaurantes de más renombre, por lo que ha perdido aquel carácter modesto.

De segundo nos pedimos la parrillada de pescado con pez espada, jibias y langostino.

Cena día 2

De postre un baklava (delicioso) y una copa de helado y fruta de temporada.

Postre

De nuevo, estaba todo muy rico y el pescado muy jugoso. Por suerte, esta vez sí que terminamos con tiempo de llegar al espectáculo, así que parece que quince minutos de adelanto sí que supusieron una gran diferencia. Aunque también hay que decir que el servicio fue más rápido que en el otro salón.

El espectáculo elegido para esa noche (porque van alternando en días y horarios y tú decides qué ver) fue Meraviglioso Amor. Y empezamos mal, porque me decepcionó bastante. Entiendo que la naviera es italiana, pero creo que existen numerosas canciones italianas cuya temática es el amor y que son reconocidas mundialmente. Sin embargo, tan solo conocíamos un par de ellas, lo cual unido a las coreografías pobres y repetitivas y un vestuario que parecía de mala calidad y no muy bien confeccionado, hicieron que estuviera todo el tiempo desconcentrada pensando en cualquier cosa menos en la música. Eso sí, los cantantes eran muy buenos.

Meraviglioso Amor

Ya casi rozando la media noche, subimos al bar de la planta 18, que está semi-descubierto y nos tomamos una copa. Esto es algo que eché de menos con respecto a otros cruceros que hemos hecho, y es que normalmente en el propio teatro te puedes tomar algo mientras ves el espectáculo. Aquí no. Pero bueno, como salíamos directos de la cena, los 45 minutos que solía durar el espectáculo nos servían para hacer un poco la digestión.

Copas

Después de una copa, pasamos por la cubierta 6, donde estaba la animación de la fiesta mediterránea y se veía una marea blanca que bailaba al son de la música latina. Nosotros sin embargo no estábamos para mucha danza y nos fuimos a dormir. Al día siguiente nos esperaba otra jornada completa y el atraque era tempranero.

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