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Crónicas de una malagueña en Puglia III

CAPÍTULO III: LONG WAY DOWN

La vida en Molfetta es muy pacífica, muy calmada, muy bonita. Tener el mar cerca de casa ayuda al sentimiento de acogida. A pesar de ello, es inevitable echar(os) de menos de vez en cuando. Tengo morriña.

Estos días estoy escuchando mucha música. Siempre actúo igual cuando me pongo un poco nostálgica. Es como si fuera mi mecanismo de defensa. Un mecanismo de defensa algo contradictorio, ya que el tipo de canciones que suelo escuchar no pasan de los ritmos lentos de artistas como Tom Odell, Coldplay y Keane (los cuales adoro). Es mi música de días tristes de lluvia. Sin embargo, ni estoy triste ni está lloviendo. Mi mood estos días es algo así como un encontronazo entre la morriña de casa y la comodidad de mi nueva vida rutinaria. Y la verdad es que no sé cómo sobrellevarlo. También puede ser que estar en “esos días del mes” afecte, o que me esté acostumbrando al nuevo entorno y ahora tenga más tiempo para pensar. El caso es que sigo estando bastante bien. Eso es lo que importa. (Y que he vuelto a escribir, incluso en italiano. Eso también es importante).

Me puse un poco nostálgica, en parte, porque ya hemos el comunicado definitivo de que nuestra graduación se cancela. Una noticia que, tarde o temprano, íbamos a recibir, y que yo ya tenía más que asumida. Es raro terminar así una etapa tan importante como es la universitaria. Al igual que fue extrañamente extraño presentar (dos veces) el Trabajo Fin de Grado de manera online, una de ellas sin WiFi, con datos móviles a pedales y desde el balcón minúsculo de mi pisito en Italia. (Aunque luego el esfuerzo mereciera la pena). Esto puede parecer un poco “autoconsuelo”, pero, a fin de cuentas, el acto de despedida no es más que simbólico. Lo que realmente cuenta son las personas que te llevas de cada experiencia. Y yo de esta me llevo a personas muy importantes a las que voy a llevar conmigo siempre en mi maleta.


Gracias, A., por esta foto tan bonita. A los que no salís en la foto: gracias, también, por todo. Nos vemos pronto.

Volviendo a Molfetta: he llegado a la conclusión de que me gusta vivir en un sitio como este, pequeño y no tan abarrotado, porque me da paz. Atrás han quedado los días en los que correr de un sitio para otro era mi rutina, tenía que coger autobuses interminables para llegar a mis destinos, caminar una hora bajo un sol abrasador… Aquí hace igual o más calor (y una humedad insoportable), pero la vida es más serena, aunque igual de vida. Vivir en Molfetta me hace bien, en muchos sentidos. Por eso, cuando cualquier local me acusa de estar pazza por venirme a vivir durante más de unas semanas a este “pueblucho”, soy yo la que se ríe de ellos. No saben lo bien que se vive lejos del bullicio de turistas que abarrotan calle Larios durante prácticamente todo el año.

Esto no quiere decir que me esté volviendo anti-Málaga, ni mucho menos. Me faltan también muchas cosas de ella, como el vermú del mediodía de los domingos en La Tranca. (Aquí lo más parecido que he encontrado son el Spritz, cuyo sabor nada tiene que ver -aunque me encante-, y el Negroni, que es como el “primo-hermano” macarra que te deja KO con dos sorbos). O mi copita de vino en Merchanas, con unas croquetas de la abuela y unas berenjenas con miel de caña. Se me hace la boca agua solo de pensarlo… Me estaba volviendo demasiado patriota de mi Andalucía, pero justo me he ido. Aunque de comida y bebida tampoco me puedo quejar yo mucho en mi segunda tierra sureña.

Otro de mis deseos perdidos: el paseo de todas las tardes-noches, frente al mar. Aquí también tengo mar, y no sabéis lo feliz que me hace eso, pero el Lungomare un domingo por la noche (y todos los días) es peor que el Real en feria*. Un despropósito. Eso sí, he de decir que el otro día conseguí volver a correr un poco. Hacia meses que no corría. Y fue uno de esos logros diarios que te hacen irte a la cama un poco más contenta. (Y un poco más reventada, también).

*Este artículo está lleno de referencias malagueñas que la mayor parte de los lectores no entenderéis. Lo siento, estoy un poco nostálgica. Para algo existe Google, también os digo.

A pesar de que la duración y la distancia de mis paseos se ha acortado, mi proyecto, en realidad, no ha hecho nada más que empezar. Al final, me he atrevido a tomar la decisión que sabía que iba a tomar desde el momento en el que me propusieron tomarla: he alargado mi voluntariado. Vamos, que no nos veremos las caras por la Misericordia hasta el verano que viene. En un principio, el trabajo en la Associazione InCo-Molfetta me iba a durar hasta finales de enero, pero, ahora que he experimentado esta nueva realidad, no creo que sea adecuada abandonarla tan pronto. Nueva fecha en el calendario: 24 de junio, día del retorno a mi antigua vida. O a la vida que tenía mi yo de antes, mejor dicho. Un año es mucho tiempo. Espero que todo no cambie demasiado.


Post promocional – Campaña Facebook (Associazione InCo-Molfetta). Hecho por mí

De momento, no es tiempo de pensar en el futuro, sino de dar el máximo de mí misma y disfrutar. Y eso estoy haciendo. Me estoy implicando mucho en lo que a la organización se refiere: preparando actividades para los propios voluntarios y demás locales, enviando e-mails, promocionando proyectos, llevando las redes… ¡Y no puedo decir que no me encante! Además, hemos pillado ya las vacaciones juntas: ¡nos vamos a la costa Amalfitana en Ferragosto! Salerno (donde dormimos), Amalfi, Positano, Capri… Parecen escenarios de película. (Toda Italia parece el escenario de una película romántica, en realidad. Y qué gozada).

COTIDIANEDAD ALEATORIA. Estamos haciendo muchos amigos locales y eso me gusta. Además de obligarme a hablar italiano, me permite conocer mucho mejor el sitio, la cultura, la comida… El otro día organizamos en InCo una “serata internazionale” en la playa, iniciativa de F. y mía. Preparé sangría (no confiaba mucho en ella, pero al final salió muy bien), vino mucha gente y todo el mundo se lo pasó muy bien. Además, he seguido teniendo más encargos profesionales de traducción y me he vuelto a sentir muy orgullosa. Estar mejorando a pasos agigantados mi nivel de italiano es importante. De hecho, lo considero uno de mis objetivos fundamentales en este proyecto. (¡Poco a poco!).

Ci sentiamo presto.

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