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Comer bien en el centro de Bruselas

Resulta un poco triste o más bien decepcionante que de Bruselas sólo conozcamos bien el centro/ todo lo que rodea a la Gare Centrale. Y cuando digo “bien” me refiero a poder moverse con soltura, saber qué son los edificios y monumentos, haber vivido esos lugares…

Obvio que hemos estado en otros barrios como Ixelles y Etterbek pero no cómo turistas o visitantes, si no cómo invitadas a fiestas, a dormir a casa de alguien o a alguna conferencia en la ULB (Université Libre de Bruxelles). Pero pocas veces deleitándonos de esas nuevas calles dando un simple paseo. Me consuelo pensando que todavía podemos rectificar, aprovechar las visitas españolas que nos quedan para ver un poco más de la capital belga. Siempre claro, después de haberles llevado a ver el imprescindible centro que debe todo su éxito a la Grand Place (la plaza mayor). 

La impresionante Grand Place declarada Patrimonio de la Humanidad en 1998, el decepcionante Manneken Pis y símbolo de la ciudad, la preponderante Bolsa, las carísimas Galerías Saint Hubert, una cerveza obligatoria en el genial Delirium….El palacio real, el Palacio de Justicia, la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula, el museo Magritte, el museo de Instrumentos músicales…. Pero cuando las tripas empiezan a sonar… ¿Dónde comer bien en el centro de Bruselas?

En el centro, la oferta de sitios es cuantiosa. Sobre todo en la Rue de Bouchers, una de sus calles con más encanto donde está el Delirium y a la que se puede acceder por las Galerías Saint Hubert. ¿Problema de esta calle? Dado que es un must turístico, siempre está a rebosar. Los restaurantes para competir entre ellos ponen a un tipo en la puerta que te intenta convencer de entrar. De repente parece que estás en el Jan- Al- Jalili, famoso mercadillo de El Cairo.

” Guapas, si coméis aquí una cerveza gratis”… O cuando ven que eres española…” Futbol Club Barcelona, aquí la mejor `paëlla´- escrito curiosamente con diéresis”. Te intentas hacer la loca mientras ves las fotos de cada plato ( combinado) que no hay cosa que me de más asco.

Como si de un milagro se tratase, entre todo ese tumulto de restaurantes “que se repiten” en calidad, comida, ambiente y precio, se encuentra uno “de toda la vida”, la brasserie Aux Armes. Esta lleva en el Ilot Sacré desde 1921 ofreciendo a sus comensales lo mejor de la cocina tradicional belga y ha conseguido convertirse en todo un clásico. Mejillones, steak tartare picado a mano y con yema de huevo crudo, sopa de pescado o de cebolla, un Vol au Vent de Poularde… Servicio impecable y decoración entrañable. Llegamos tarde (aquí las 3 es tardísimo) pero mientras que nos preparaban una mesa nos tuvieron en un rinconcito (no hay barra) tomando una copa de vino blanco. Además, si no te pasas con éste puedes salir a 30-35 euros por cabeza.

No muy lejos de ahí, retrociendo hasta volver a encontrarse en las Galerías Saint Hubert está la Taverne du Passage, recomendado por uno de los pasajeros del vuelo Ryanair Madrid-Bruselas Charleroi (parece que ir sentados tan juntitos y apretados puede tener sus ventajas) . Dada su ubicación, al abrigo del acristalado techo de las galerías, la terraza es inmovible. Otro plus es que la cocina está abierta non- stop del mediodía a la medianoche, todo un lujo cuando te tienes que hacer a la idea de que la gente cena a las siete. Croquetas de gambas, los famosos mejillones, angulas… son algunas de las especialidades belgas que la Taverne du Passage propone. Destaca también su excepcional carta de vinos ganadora del premio “La plus belle carte de Vins“.

Aunque si lo que os interesa es comer con vistas a la Grand Place, la opción es La Brouette al lado de les Roi d´Espagne y restaurada en 1697 en el mismo estilo por el bombardeo de Bruselas por parte de las tropas francesas del rey Luis XIV en 1695. La primera vez que fuimos, “nos tiraron”. El sitio estaba tan lleno que tuvimos que irnos y volver más tarde. Y fue gracias a esto por lo que otro día decidimos volver a comer. El camarero había sido bastante borde, pero luego por la tarde nos sentó arriba donde rápidamente nos posicionamos al lado de la ventana para poder disfrutar de las vistas mientras tomábamos algo. La segunda vez no tuvimos tanta suerte y tuvimos que comer abajo pero al menos valió la pena. De picar: uno de sus “incontournables”, la quiché Lorraine y de segundo el américain garni y la lasagne à la bolognese acompañados de dos grandes cervezas. Leí en un periódico que la comida que más les gusta a los belgas es la italiana y por eso no me extraña que la hagan tan bien.

Otro sitio con mucho encanto y al que tengo previsto ir es Noordzee Mer du Nord a 5 minutos andando de la Grand Place, en la Place Saint Cathérine. No es un restaurante propiamente dicho y eso es lo que lo hace tan genial.  Es una pescadería con una barra en la calle y se come de pie. Aunque vi también algunos taburetes. Si no hace mucho frío, por lo que vi (todo un éxito) se puede estar perfectamente. Tengo entendido que la sopa de pescado, las croquetas, las ostras, el lenguado, los mejillones, las gambas… siempre acompañadas de un buen vino blanco están buenísimas. La relación calidad- precio es inmejorable, aunque ¡ojo! solo abren al mediodía. 

La verdad y para que negarlo siempre fui mucho más de esos turistas tranquilos que pasean por las calles de camino al restaurante sin importarles cuanto tardan en comer, sin estar agobiados de que no podrán tachar de su lista todas las cosas que tocaban ver.. ¿Por qué?

Siempre está en mi cabeza la idea de que algún día volveré…


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