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Ciudad de México

ImageDecididamente Enero es el mes de las aspiraciones. Es el mes en el que tomas todos tus propósitos de Año Nuevo, los sumas a tus sueños de siempre y comienzas a moldearlos, a cocinarlos y a masticarlos. Y ya que visualizaste todo, comienzas el mes de Febrero tratando de comerte al mundo. Al menos ese es mi caso…

Como sea… Enero consiste en pasarse el tiempo en la luna pensando en lo bello y provechoso que pudiera ser el año que comienza. Pero el pasado mes de Enero fue diferente.

Una mañana de day off desperté asaltado por la idea de que, si una ropita para bebé no era entregada a tiempo, quedaría totalmente inservible y convertida en un gasto inútil. Eso fue lo que me hizo levantarme repentinamente a primera hora de la mañana, contar mi dinero y meterme a la computadora para ver cuánto costaban los boletos de autobús y de avión. El destino: La Capirucha.

Resulta que el pasado mes de Octubre nació mi sobrina Victoria. El nuevo miembro del clan López. Ella era el motivo principal del viaje, pero había más: Hacía muchísimos años que no visitaba la Ciudad de México, tenía ganas de subirme a la Torre Latinoamericana y tenía el brete de treparme a un avión.

Aunque claro, la ida fue en autobús porque llevaba varias cosas que se habían juntado en la casa para mi sobrina. Debo decir que no estuvo mal: Los Turistar están bastante cómodos y hasta tienen pantallas individuales llenas de cositas para entretenerse. Aunque sinceramente no la bobeé porque tenía más ganas de dormir. El viaje en autobús hasta la Ciudad de México, especialmente a la Central Sur, está bien colgado. Aunque debo decir que sí vi lo que quería ver; y fue por una despertada que me di de pura chiripa: El Lago de Cuitzeo.

En fin… Que llegué a la Capirucha y se me tapó la nariz. Yo supongo que por los imecas, pero así fue. El paseo, como tal, estuvo chido, pues el viaje incluyó visitas a Xoxhimilco (Mi cuñis es xochimilca de nacimiento), el Centro Histórico, Coyoacán y Polanco. Y la sucursal de Café El Jarocho de la Colonia Petrolera Taxqueña. Que aunque el café es artesanal y está muy rico, el lugar es como un Starbucks región 4. Está más linda la sucursal del centro de Coyoacán.

Xochimilco tiene un ambiente pueblerino. Ni parece que estás en el D.F. De los embarcaderos turísticos no hablo porque no fui. Aunque mi paseo por los canales fue un privilegio, pues fue en lancha de motor, con botanas y con visitas a lugares de mi elección (Elegí la Isla de la Muñecas y bajarme en un criadero de ajolotes). Y claro, bien acompañado por los suegros de mi hermano.

Luego fue el paseo por el Centro Histórico (Afortunadamente eso de no salir después de las 8 de la noche ya pasó a la historia) y unos martinis en la Latino.

Al día siguiente fue el paseo por el centro de Coyoacán. Ese lugar de sabor novohispano y lleno de mujeres intelectualoides, artistoides y otras cosas terminadas en “oides”. Claro, era el lugar obligado por las quecas de las que me habló mi amiga Marcela y porque finalmente mi sobrina es xochimilca naturalizada coyoacanense (Chilanga, a fin de cuentas :P ).

Ojo: Me llamó la atención que en la Capirucha todavía hay cilindreros. Esa costumbre ha caído en desuso al menos en Aguascalientes y en Guadalajara.

Y unas chicas clasemedieras muy hermosas que vi salir del Sanborns. Muy bien arregladitas… ¿Quién dijo que las chilangas no son hermosas?

Y al final, Polanco. Aunque sólo a la pasada. Entiendo que mi hermano ya no está solo y que por lo tanto ya no es un vago. La bebé demanda mucha atención y hay qué armarse de paciencia. La ida al Hard Rock Café y el paseo por Presidente Mazaryk quedarán para otra ocasión. Y la Colonia Condesa, y el Centro Cultural Arte Contemporáneo y otras monadas que uno debe visitar en el D.F.

Donde sí estuve fue en La Casa de los Azulejos. Un vil Sanborns, pero al fin y al cabo un lugar lleno de historia y donde aún se sienten las vibras de todos los personajes célebres que alguna vez visitaron o fueron parroquianos del lugar.

Y sí, digo “vil”. Sanborns perdió su encanto desde que “lo agarró” the richest man in the World.

Y la Zona Rosa es otro rollo. Me paseé por ella. Esta vez hasta me reí de aquello que hace 16 años me friqueó. El ambiente es pesado para los estudiantes provincianos, especialmente cuando andan de tacuche. Definitivamente…

Al final me salí con la mía y me vine en avión. En Volaris, Debo decir que, para ser una low cost airline, es una aerolínea decente. Digo, el vuelo salió a tiempo, los pilotos eran buenos, el personal es amable… Lo único malo fue que los sobrecargos eran puros weyes.

Yo tenía pavor de perderme en el AICM, pero en realidad es sencillo moverse en él. Es fácil dar con las salas de espera y los puentes de embarque. Sólo tiene la salvedad de que los pasillos son kilométricos y casi no hay lugares desde los cuáles se puedan ver los aviones. Eso sí: Es una rara mezcla de centro comercial y central camionera. Los giros de los locales, en su conjunto, se ven bastante raros. Pero los tomacorrientes de Samsung están de poca madre. Aunque yo no tenía nada qué conectar, al menos me deleité la pupila con ellos.

El aeropuerto de Guadalajara está más gachillo. No hay dónde sentarse y los espacios están mal administrados. Le voy más al de Aguascalientes, que aunque nunca lo he usado como pasajero, está más funcional con todo y lo pequeño y básico que está. Digo, el aeropuerto de Guadalajara está muy bien decorado y con los diferentes locales puestos en donde no estorban, pero es incómodo.

Finalmente, cabe muy bien señalar que antes, durante y después del vuelo estuve acordándome de aquel sketch de Iberia que hizo Polo-Polo en los 80´s. “¡Nos ha agarrado una patrulla! Ni con las licencias de todos acompletábamos para la infracción”. Jejeje.

Finalmente… Me dio gusto ver a mi hermano. Hacía muchísimo tiempo que no platicábamos a gusto como hermanos ni de cuarentón a cuarentón. Y conocer a mi sobrina me ayudó a demostrarme a mí mismo que mi corazón aún no se convierte en roca. La bebé trae la onda.

También quiero dar mi impresión: Mi cuñis es una gran mujer. Creo que mi hermano se sacó la lotería con ella. Me trató bastante bien y le hace mucho jalón a lo que hace mi hermano. Creo que músico y diseñadora se complementan a las mil maravillas.

En fin… Enero fue diferente y el año comenzó con mucha acción. Ya he hecho algunas otras cosas pequeñas, y creo que todo consistirá en “HACER“. No importa si de pronto me equivoco. Ya tengo ganas de hacer otras cositas y tengo muchas ansias con que todos mis deadlines vayan llegando. Hay cosas qué iniciar, cosas qué reanudar y cosas a las que hay qué atreverse. Vamos viendo…

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