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Chicago, la ciudad del viento

Navidad llegó a Columbus pero sin sidra ni pan dulce. Asumiendo que era la misma costumbre que Argentina, me hice a la idea de una cena navideña con mi host family y sus parientes. Pero sobre la marcha me enteré que la Nochebuena no se festeja, sino que todo ocurre durante Navidad. Cosa que ya tendría que haber sabido luego de años de mirar películas de esta parte del mundo.

A las 7 de la mañana comenzó el movimiento en la casa con la llegada de los abuelos. Todos nos sentamos alrededor de uno de los dos árboles de navidad y empezó la apertura de regalos. Los chicos, 10 y 16 años, fueron directo a la base del árbol y abrieron los suyos primero. Luego llegó el turno de los adultos y, entre otras cosas, me regalaron un paquete de yerba, bien preciado en USA si los hay. Yo les regalé distintas cosas de Argentina, como un libro de fotos, calendarios y artesanías. Una vez terminada la “ceremonia”, comimos un brunch que marcó el fin de los festejos navideños.

Esa misma tarde del 25 partí rumbo a Chicago, mi segunda escapada en Estados Unidos. Volví a viajar en colectivo pero esta vez con la empresa lowcost Megabus, que es realmente económica pero va a pocos destinos. La diferencia con Greyhound está en que no tiene terminal y simplemente para el micro en una esquina de la ciudad. El micro salió en horario y a la noche estaba llegando a la ciudad del viento.

Me quedé en un hostel de la cadena Hostelling International. No encontré muchas opciones de alojamiento pero, según los comentarios, este parecía la mejor opción. La ubicación es realmente buena al estar en pleno centro y a pocas cuadras de todas las atracciones turísticas. Compartí la habitación con otras 9 personas, principalmente de Asia, durante las tres noches de mi estadía. El desayuno estaba incluido en el precio, lo que lo hacía todavía más conveniente.

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El frio intenso combinado con el viento y la nieve dificultaron lo que más me gusta hacer en nuevas ciudades: caminar. Pero igual me mantuve con mi idea y recorrí un gran trayecto a pie. El servicio de subte es de por si un atractivo más de la ciudad al estar elevado a la altura de los edificios. Tiene una red bastante extensa y llega a todo Chicago, incluyendo los suburbios.

La mejor actividad fue conocer los edificios emblema de Chicago junto a arquitectos en un tour guiado. Fueron dos horas caminando por dentro y fuera de increíbles lugares con una fascinante historia. Los museos son el otro punto fuerte, habiendo gran variedad y para todos los gustos. El Instituto de Arte de Chicago y el Museo de Arte Contemporáneo tienen excelentes colecciones artísticas y el Field Museum se centra en Ciencias Naturales con exhibiciones de todo el mundo. Vale marcar que son todos pagos y con entrada promedio de 15 dólares.

Para vistas panorámicas, hay dos opciones. La más famosa, y la que elegí, es la Sears Tower. Una entrada de 15 dólares te permite subir hasta el punto más alto y tener una impresionante perspectiva de Chicago. Se puede subir durante el día y la noche para tener dos vistas distintas del mismo lugar. La otra opción es ir al norte de la ciudad al Observatorio Hanckok, que también tiene un café en la altura para tomar algo y disfrutar la vista.

La vuelta fue también en micro pero a la medianoche así que dejé el cuarto del hostel, guardé mi bolso en un locker y recorrí la ciudad durante todo el día. El zoológico de Lincoln Park al Norte de Chicago fue una buena elección. Abierto todo el año, tiene entrada gratuita y exhibiciones con muy buen despliegue. Gold Coast, el barrio más caro, está cerca del zoo así que aproveché para conocerlo. De regreso a buscar el bolso, paseé por la Magnificent Mile, la principal calle comercial que no tiene nada que envidiarle a la 5ta avenida de NYC.

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