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Cantatas para el domingo después de Navidad

El avión despega a las 07:30 de la mañana desde el aeropuerto de Zurich. Es 31 de diciembre y tengo dos horas de vuelo hasta llegar a Madrid. La señorita SDG se ha quedado dormida antes de que el avión despegue y, aunque yo he hecho lo mismo, para cuando el avión alcanza la altura de crucero, estoy completamente despejado. El día anterior, domingo después de Navidad, he trabajado todo el día y al llegar de noche al hotel sólo he tenido energías para mirar en el calendario el nombre y número de las cantatas que he dejado de oír ese día. Ahora, durante el vuelo, tengo tiempo de una primera escucha. Más tarde, ya en Madrid, volveré a las mismas cantatas mientras cocino la cena de Nochevieja para la familia.

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La primera de las cantatas que Bach compuso para el domingo después de Navidad se remonta a sus años en Weimar y fue estrenada el 30 de diciembre de 1714. Seguramente, tras los días extenuantes del triduo navideño y antes de la festividad de año nuevo, Bach quiso o tuvo que dar descanso a buena parte de su equipo y para la cantata Tritt auf die Glaubensbahn (Camina por la senda de la fe), BWV 152, reclutó un conjunto exiguo y atípico. De ser así, se trata de uno de los ejemplos más logrados de serendipia, porque la cantata resultante, con su instrumentación poco habitual y su aire de cámara es una obra absolutamente maravillosa. La cantata comienza con una sinfonía para el improbable ensemble de recorder, oboe, viola d’amore, viola da gamba y bajo continuo. Cuando la escucho por primera vez en el avión me pregunto cómo he podido vivir hasta ese momento sin conocer una música tan maravillosa y, a medida que avanza el día, vuelvo una y otra vez a la pieza, que se ha convertido para mí en un clásico instantáneo. La estructura habitual de la obertura francesa, con su introducción lenta y su fuga rápida, carece aquí de toda solemnidad cortesana y es un prodigio de encanto. Le sigue un aria para bajo con oboe obbligato, que introduce el tema de la “senda de la fe” que el libretto de Solomo Franck pone en el centro de la meditación del día.

Como es habitual en este periodo de la producción bachiana, el recitativo que sigue abunda en pasajes arioso, aquí en contraste con otros secco para recalcar la oposición entre caída y redención, entre la vida del malvado y la del justo que cree. El delicioso aria para soprano que sigue exige una voz de pureza especial y nos hace pensar en los niños soprano que Bach utilizaba. Las líneas de la soprano están acompañadas por unos arreglos bellísimos para el recorder y la viola d’amore. La vox Christi del primer aria y el alma del segundo se unen, tras otro recitativo, en el maravilloso movimiento final, un dueto que comienza con un ritornello con el recorder y el oboe al unísono al que sigue un diálogo en el que el alma le pregunta a Cristo qué ha de hacer para salvarse. La estructura musical es compleja y atípica, con una serie de fragmentaciones del ritornello, que reaparecerá de nuevo íntegro al final del movimiento, y un juego de exposición y canon en las partes vocales. - ¿Cómo podré abrazarte, amado de las almas? – ¡Debes negarte a ti misma y abandonarlo todo! – ¿Cómo reconoceré la eterna luz? – ¡Reconóceme por la fe y no te inquietes.

Tras esta maravilla inesperada, no imagino sorpresas en las otras dos cantatas para este día. Das neugeborne Kindelein (El niñito recién nacido), BWV 122, pertenece al segundo ciclo de cantatas de Leipzig, el de las cantatas coral, y fue estrenada el 31 de diciembre de 1724. Basada en un himno de Cyriacus Schneegass escrito en 1597, la obra comienza con un movimiento coral sorprendente y formidable. A pesar de lo tierno de los primeros versos -El niñito recién nacido, el Jesusito de mi corazón-, la música tiene un tono de severidad que queda reforzado por lo breve y compacto del movimiento. Otra maravilla desconocida de Bach, que se consolida cuando, mientras escribo esto, comparo la versión reflexiva y emocionante de Philippe Herreweghe con la severísima, nítida y veloz de Sigiswald Kuijken. No me pidáis que elija, ambas me parecen ahora mismo imprescindibles.

La severidad se acentúa en el siguiente aria para bajo, una pieza que nace entera del imponente y apasionado ritornello del bajo continuo y que anuncia la reconciliación de los pecadores con Dios. El siguiente recitativo, que parte de la melodía de la coral en la que se basa la cantata, contrasta y complementa temáticamente el aria anterior. Pero la cantata nos reserva una nueva sorpresa en el siguiente movimiento, una verdadera joya de complejidad melódica. Se trata de un terceto maravilloso que parte de un ritornello instrumental con aire de siciliana en el que la contralto interpreta el texto y la melodía de la estrofa correspondiente de la coral mientras que tenor y soprano cantan un dueto de texto y melodía independientes. Sólo al final del movimiento las tres voces confluyen para recitar el verso final: Dios está con nosotros y nos protege. Como ocurría con el primer movimiento, la brevedad de la pieza (causada seguro por la brevedad de la propia coral en la que tiene origen) no merma su efecto, sino que, al contrario, lo potencia.

La cantata termina con un nuevo recitativo y una armonización de la última estrofa de la coral de Schneegass. Mi iPod me lleva en seguida a otra cantata, esta vez de Dieterich Buxtehude, basada en el mismo himno: Das neugeborne Kindelein, BuxWV 13, es una verdadera joya que revela un universo próximo y al mismo tiempo bien distinto al de Bach.

La serie de cantatas de Bach para el último domingo del año termina con Gottlob! nun geht das Jahr zu Ende, BWV 28. Simon Crouch, en su estudio sobre las cantatas de Bach la sitúa entre las diez menos interesantes de su autor y sólo la salva de la peor calificación por su segundo movimiento. Compuesta para el servicio del 31 de diciembre de 1725, la obra tiene al menos el mérito de la variedad: cada movimiento es completamente diferente del anterior. A pesar del juicio de Crouch, el primer movimiento es un aria para soprano llena de ritmo y viveza en la que lo más destacable es el arreglo instrumental. El texto, de Erdmann Neumeister, nos invita a reconocer los favores que Dios nos ha otorgado durante el año y a saber agradecerlos. Conozco a bastante gente que diría que se nota que la cantata no ha sido escrita para el final de 2012.

En efecto, el segundo movimiento es una maravilla absoluta. La comunidad se alza para responder a la exhortación de la soprano y agradece los favores recibidos. Como en otros de los movimientos más logrados de las cantatas de los últimos días, Bach utiliza una estructura motetesca claramente arcaizante. Desde luego, ya sólo este movimiento justifica una escucha de la cantata.

Tras dos recitativos, el primero arioso, sigue un bonito dueto para alto y tenor muy italianizante. La cantata termina con la habitual armonización en cuatro partes de un himno: en este caso, de Helft mir Gotts Gütte preisen, de Paul Eber.

Podéis escuchar aquí la cantata BWV 152, Tritt auf die Glaubensbahn, y aquí seguir su texto. La versión de Herreweghe y el Collegium Vocale Gent de BWV 122 podéis escucharla en este enlace y aquí tenéis el texto en alemán y castellano. Por último, aquí tenéis la grabación de Harnoncourt de BWV 28 y su texto.

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