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Cambio plancha, con su tabla, por una conexión Wi-Fi


Una encuesta del sitio de viajes estadounidense TripAdvisor, el mayor del mundo (50 millones de visitantes mensuales, y 60 millones de comentarios de 30 países, incluida China), pone de manifiesto que lo que los viajeros valoramos más en un hotel es el acceso a Internet sin cables (vulgo wifi). En segundo lugar, que el desayuno esté incluido, y después van los puntos de fidelidad acumulables, la calidad del restaurante y el servicio de autobuses al aeropuerto.
El 54% de los 1.248 viajeros encuestados en más de 600 hoteles norteamericanos asegura haber cambiado más de una vez de hotel por estos motivos cuando ya tenían hecha la reserva. Siempre según esa encuesta, el 88% de los viajeros quieren wifi gratuito en cualquier tipo de hotel. El 41% de los viajeros se niega a pagar por el wifi. Y el 65% dice que ha utilizado el wifi gratuito en el vestíbulo del hotel o en las áreas comunes ya que considera que pagarlo en la habitación es un abuso.
El otro día oí decir por la radio al hotelero Quique Sarasola que para él lo más importante de un hotel es la cama (su comodidad), la ducha (su confort) y el desayuno (su calidad). Y todo ello tiene que estar incluido en el precio de la habitación. Estoy de acuerdo, aunque habría que añadir la conexión a Internet. Últimamente, siempre que viajo con otros compañeros y llego a un aeropuerto o al vestíbulo de un hotel lo primero, y casi lo único que les oigo son estas preguntas casi febriles: “¿Hay cobertura? ¿Te has podido conectar?”
El wifi (Wireless Fidelity, Fidelidad Inalámbrica) es una tecnología bastante nueva que en solo una decena de años ha mejorado considerablemente su calidad y velocidad. Hoy la encontramos en espacios públicos concretos (cafeterías, aeropuertos, quioscos de prensa…) y en algunas áreas urbanas globales como San Francisco, Filadelfia, Toronto… Pero en muchos hoteles (cada vez menos) sigue siendo considerada como un artículo de lujo. Y es que estamos pagando la novatada. Estoy seguro que la discusión sobre si el wifi debe de ser gratuito o no parecerá totalmente absurda dentro de unos años, no muchos.
Utilizar wifi en un hotel es como utilizar el agua caliente, la ducha o la almohada. ¿Quién vería lógico que lo cobrasen aparte? Y si se empeñan en hacerlo pasará como con el teléfono, que por sus altos precios en los hoteles ya solo sirve para llamar a la recepción o para que nos despierten por la mañana.
Y si no, habrá que ingeniárselas. Como me pasó en un lujoso hotel de Buenos Aires donde pagué la cara tarifa de wifi solo el primer día, hasta que descubrí que llegaba la cobertura de una cafetería cercana que ofrecía su conexión “por la patilla”.
El wifi tiene que entrar a formar parte de las amenities gratuitas habituales de la habitación de un hotel. Aunque está claro que en los hoteles que se ufanan de no tener aparato de TV, “para no ofender al cliente” (¡¡¡???!!!), va a ser muy difícil que comprendan que algunos no nos sentimos injuriados por la existencia de una pantalla, y que la solución es muy sencilla: no aprieten el botón en el que pone “ON”. Es como si yo esgrimiese que mi calva se siente ofendida por la existencia de un secador de pelo en el cajoncito del baño. Con no usarlo, asunto resuelto.
Pero como para eso se tardará aún un poco, de momento yo me curo en salud y lanzo una proposición: cambio la plancha, con su tabla, por una conexión inalámbrica. Para mi es mucho más práctica.

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