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Balance

Con la Navidad llega la época de los balances de fin de año, y lo cierto es que este 2012 ha sido un ejercicio para tener muy presente, pese a que muchos dirán que para olvidar. Si la situación es difícil en toda España, en nuestro caso el proceso de desmantelamiento de la economía comarcal se ha acelerado hasta niveles difícilmente imaginables.

El arranque del año coincidió con la puesta en marcha de la acción política del gobierno del PP. Entre las primeras iniciativas del entonces nuevo gobierno nos encontramos con un cambio normativo en materia energética que supuso un duro revés a las renovables: afectó a la ya decaída eólica, y bloqueó las posibilidades de la solar y la biomasa, una de las actividades más prometedoras en El Bierzo. Ya en primavera se cernían sobre la industria y la minería serias amenazas tras ese primer revés a las renovables, y la incertidumbre se extendía sobre el proyecto cultural y tecnológico de Ciuden. Con una administración regional ausente e incapaz de plantear una defensa del tejido productivo, el Ministerio de Industria nos regaló más alegrías durante el año, pero la principal sin duda fue el tiro de gracia a la minería, con el premio añadido del práctico abandono de las políticas de diversificación económica. No es de extrañar que el alcalde de Toreno se desahogara como lo hizo…

Los expedientes de regulación de empleo se han convertido en noticia tan habitual que se han extendido hasta en lo que parecía la gran esperanza para el futuro, la Fundación Ciudad de la Energía. Un proyecto que buscaba alternativas y nuevas actividades se vio primero frenado, para después entrar en fase de desmantelamiento. El museo lleva un año paralizado, y las posibilidades de que se reanude son cada vez más remotas, lo que condena una de las opciones para el desarrollo comarcal más prometedoras. El proyecto de I+D está tan abandonado como el museo, sus instalaciones languidecen, carece de personal científico y, para rematar, el gobierno ha declarado su escepticismo en materia de cambio climático, que es tanto como decir que no interesa el resultado que se pueda obtener. El último golpe, junto con la constante agresión a los servicios públicos, lo recibimos en el sector turístico, que para nuestra desgracia depende, de nuevo, del Ministerio de Industria.

Hay poco que celebrar de 2012, y mucho que temer de 2013, pero hecho este balance hay que reconocer los errores y empezar a actuar en consecuencia. Es importante ser consciente de la situación, pero lo es mucho más querer resolverla.

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