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Azores 1ª parte ” Terceira”

Pasados unos meses del inicio de mi nueva normalidad (prejubilación),vuelvo a escribir en el Blog y ¡Qué mejor manera que con un post de viajes y fotos!, dos de mis pasiones.
Aunque con un poco de retraso, un post de mi viaje del verano pasado, Las Azores, fue a Silvia a quien se le ocurrió después de leer varios artículos y ver algunos reportajes sobre este destino, yo nunca había mostrado el más mínimo interés por estas islas, que la única referencia que tenían para mí era el famoso “Anticiclón de las Azores”, ¡Pero qué equivocado estaba!, estas islas son mucho más, unas islas donde todas ellas son pura naturaleza, un increíble espectáculo natural, impresionantes paisajes, cráteres, aguas termales, piscinas naturales, lagunas, bosques, cascadas, donde el verde intenso es el color predominante. a los que hay que unir otros atractivos ,aunque nosotros no pudimos disfrutar de ellos, como son los relativos a sus fondos marinos, avistamiento de ballenas y delfines paseando por sus aguas.
Un archipiélago de nueve islas a casi 1.500 kilómetros de Lisboa, de las cuales nosotros elegimos dos, Terceira y San Miguel, dos islas que tienen tantas cosas en común como de diferentes.
Nuestro primer destino fue la isla de Terceira.
Aterrizamos en el aeropuerto de Lages, al norte de la isla, que se encuentra a 20km de Angra do Heroismo, su capital, un taxi nos dejó en la Praça Velha donde se encontraba nuestro hotel, una amplia plaza, pavimentada con los típicos baldosines blancos y negros, desde el punto de vista arquitectónico es muy atractiva, con casas de fachadas pintadas con alegres e historiados balcones con rejas de forja, muchos de ellos adornados con macetas y flores, en unos de los extremos de la plaza está el ayuntamiento construido en 1866,la ciudad estaba en fiestas, toda engalanada de luces y había una gran tarima para las actuaciones nocturnas.
En definitiva un lugar ideal para tomarse una cerveza y empezar a conocer una ciudad con un casco histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1983, así que había mucho que ver y nos pusimos “pies a la obra”, al poco tiempo ya nos dimos cuenta que nos iba a gustar al ser una ciudad pegada al mar, fuimos a buscarlo, caminando por la calle Direita, una de las calles principales que conduce hasta la bahía y la Marina, el trayecto fue de lo más entretenido, callejuelas estrechas y empedradas , flanqueadas por alegres casonas de pocas alturas y de color blanco con cornisas y marcos de colores. Prácticamente en la bahía se encuentra la Iglesia de la Misericordia, muy vistosa, del siglo XVIII, de colores azul y blanco de fachada alta y estrecha con un arco coronado con el escudo real.Justo en frente se encuentran la Estatua de Vasco de Gama y las Portas da Cidade.Seguimos caminando hasta llegar a una de las principales calles de la ciudad, la Rua Da Se para llegar finalmente  a la Se ó Catedral del Salvador, (1568-1618) el monumento más grande de las Azores.
Llegado a este punto de nuestro recorrido, se iba a producir un acontecimiento que iba a condicionar toda nuestra estancia en Terceira, entramos en un cafe-pasteleria que estaba enfrente de la catedral y allí conocimos a Elena, la dueña del local, una amable señora que no informó de todas las cosas que nos hacían falta, coche de alquiler, visitas ,restaurantes, fiestas. Al final todas sus recomendaciones nos fueron de mucha utilidad ¡Gracias Elena!

A espaldas de nuestro hotel, se encontraba  el Parque Botánico do Duque da Terceira, un parque   repleto de estanques, fuentes, palmeras, magnolios y floridos jardines, donde se mezclan los estilos, uno tipo francés en su parte baja (de mosaico geométrico) e Inglés en su parte superior. Un autentico jardín botánico  con una gran variedad de plantas exóticas, entre las que destacan cafetos (Coffea), eucaliptos, araucarias, dragos, perseas americanas con aguacates, tiles, y laureles, todo ello debido a las características del suelo de las azores ha proporcionado unas condiciones excepcionales para el crecimiento de plantas de todas partes del mundo.

Nos había comentado Elena que por la noche se celebraba un festival de música y bailes típicos, todo ello con trajes “regionales” en  ” Los Jardines del Duque de Terceira”, al estar al lado del hotel (en su parte trasera),nos pareció una propuesta interesante así que allí acabamos nuestro primer día.

El segundo día tocaba conducir, una isla bastante pequeña con  carreteras en buen estado y  poco tráfico donde conducir es un placer, haciendo paradas constantes, apenas a siete kilómetros de Angra, São Mateus da Calheta, pueblo pesquero en el que sus habitantes siguen viviendo de la pesca y la ganadería donde Elena nos comentó  que si queríamos comer pescado fresco es el sitio ideal, en él, se encuentra Beira Mar, el mejor restaurante de la isla, hicimos nuestra primera parada nos acercamos a la orilla del mar, una orilla llena de piedras volcánicas de color negro.Después de un pequeño recorrido por el pueblo continuamos por el suroeste de la isla, disfrutando del verde como único protagonista, un sinfín de pequeñas praderas delimitadas con las negras rocas volcánicas donde pastan plácidamente las vacas´.Llegamos a Doze Ribeiras donde paramos para fotografiar sus espectaculares imperios, Império do Divino Espírito Santo,aquí los imperios son una religión, en apenas una hora ya habíamos visto cinco, por cada pueblo que pasas además de la iglesia, te los vas encontrando, pequeñas y coloridas edificaciones, donde en su interior hay un pequeño altar dedicado al espíritu santo, en la fachada se suele poner su nombre y su fecha de edificación, antaño eran un lugar de reunión vecinal, Terceira es la isla donde hay más, un total de 68, construidos entre 1670 y 1998.

Se estaba nublando y llegamos con una fina lluvia a la Ponta Do Queimado, este cabo marca el extremo occidental de la Isla, una carretera estrecha bordeada de cedros nos llevó hasta una pequeña explanada en la orilla del mar desde donde unas escaleras te conducen al final de de un camino de menos de 2 km que atraviesa un extraño paisaje volcánico resultado de la erupción del Pico de Santa Barbara en 1761, para llegar a un viejo faro renovado.Seguimos nuestro viaje y nos dirigimos al punto más alto de la isla La Sierra de Santa Barbara, 1.021.mt, nos adentrarnos por un camino bordeado por un bosque de criptomerias para salir a una zona más abierta pasando por pastos y campos de  hortensias que parecen que vivan en una perpetua floración.

A medida que íbamos subiendo, la niebla se hacía más espesa, terminaremos llegando a lo alto de la montaña donde habían unas enormes antenas de telecomunicaciones y un pequeño mirador, la niebla nos impidió disfrutar de unas vistas seguro que espectaculares (mala suerte).Para llegar a nuestro siguiente destino seguimos la misma carretera que va a la cueva Algar do Carvão, donde hay una indicación hacia las Furnas do Enxofre.

La visita consiste en recorrer un verde paraje volcánico con fumarolas  que salen de entre las piedras y la vegetación, dejando un olor a azufre durante parte del recorrido, (producidas por la actividad volcánica de estas islas),hay que seguir un sendero perfectamente marcado de apenas unos 600 metros, que recorre toda la zona, acondicionado con carteles explicativos y barandillas de madera,un paseo precioso, nosotros llegamos un poco tarde, es recomendable ir a visitarlo lo más temprano posible para poder disfrutar de las fumarolas en su máximo esplendor, ya que debido a las bajas temperaturas las fumarolas se ven con mayor intensidad.

Dejamos el centro de la isla y nos dirigimos al nordeste, concretamente a Biscoitos, famoso por dos cosas, sus piscinas naturales y su vino de Verdelho.
Aparcamos en el pequeño puerto donde solo vimos  un puñado de barcos, nos acercamos a la orilla de un mar de diferentes tonos azules donde  la fuerza del Atlántico ha ido penetrando en la roca volcánica formando recovecos donde bañarse pero solo pudimos ver algún valiente , el mar estaba picado  y el oleaje no invitaba al baño.

Cerca de la costa vimos unos cultivos muy curiosos, pequeñas parcelas acotadas con muritos de roca negra volcánica donde cultivaban vid, que por cierto tenían un aspecto esplendido, en estas plantaciones se cultiva uno de los vinos más famosos de Portugal , “el vino de Verdelho”.Seguimos un rato bordeando los acantilados de esta parte de la costa y pasados  cinco kilómetros,  llegamos a Quatro Ribeíras, donde nos volvimos a encontrar otras piscinas naturales, menos populares y más pequeñas que las de Biscoitos pero quizás con mas encanto, parece como que la mano del hombre ha trabajado un poco menos.Dejamos la costa y nos dirigimos hacia el interior ,nuestra siguiente parada, una de las postales más típicas de Terceira el Miradouro de la Sierra de Cume, con unas vistas espectaculares de casi toda la Isla, verdes praderas en forma de cuadriculas divididas por piedras volcánicas.

Del interior de la isla  nos dirigimos a la  costa, Praia da Vitória, situada a unos 20 km de Angra, en la costa este de la isla, fue capital de Terceira hasta 1476,estaban en fiestas y nos fue complicado entran en la ciudad  y empezaba a ser tarde, así que seguimos y antes de llegar a Angra hicimos una última parada en el Miradouro Cruz do Canario (Porto Judeu): al frente, se visualiza el Monte Brasil en Angra do Heroismo y el islote más grande de las Azores, el Ilhéu das Cabras, conocido como islote único pero que comprende dos accidentes geográficos: el Ilhéu Pequeño y el Ilhéu Grande.Por supuesto seguimos viendo en este tramo “Imperios” curiosos,los de Porto Martins y los de Porto Judeu.

Ultimo día en Angra y nos quedaban cosas importantes por ver, así que recurrimos a una de las indicaciones de “Elena”, un amigo suyo Josef, hacia tours por la ciudad con su Tuck-Tuck “Tuck Angra Tour”.Como es natural en estos casos, Josef nos fue contando historias y curiosidades durante un trayecto que duró aproximadamente tres horas, paramos en la Fortaleza de São Sebastião, que fue la primera fortaleza de mar en la ciudad , su principal misión fue almacenar el oro y la plata que llegaba desde las Américas y que hacía escala en Angra do Heroismo, ahora es el parador de la ciudad, pudimos disfrutar de unas vistas de las cuales sobresalían tejados rojos y sus dos iglesias más importantes,la Catedral del Salvador, (La Sé) y la Iglesia de la Misericordia.Continuamos hasta El Obelisco del Alto da Memoria, construido con las piedras del antiguo castillo de Moinhos (molinos), fue erigido en 1856, en honor al paso de Don Pedro IV por la isla, en el período de la Guerra Civil Portuguesa. La primera piedra para su construcción fue una de las que el emperador había pisado cuando desembarcó en 1832. Un sitio tranquilo y con buena vista panorámica sobre la ciudad.Pero si hubo un sitio de los que vimos que mas nos impresionó ese fue El Monte do Brasil, considerado como el pulmón verde de la ciudad, visto desde la ciudad no parecía tan alto, pero cuando empezamos a recorrerlo te das cuenta que es un continuo sube-y-baja, su formación se debe a un cono volcánico hundido, que está rodeado por unos 4 kilómetros de muralla, hicimos unas cuantas paradas durante el trayecto y vimos cantidad  de senderos en medio de una gran vegetación que invitan a perderse por ellos.Como detalle histórico decir que ,El monte se remonta a la ocupación española de la isla. Felipe II mandó construir a finales del siglo XVI la Fortaleza de São Filipe (posteriormente renombrada São João Batista) en la base del Monte para servir como elemento de defensa. El muro exterior mide 4 km de largo y cuenta con 400 puestos de defensa para artillería, paramos delante de la Ermita de Santo António construida en 1615  y seguimos hasta el final de la pista.Continuamos hasta llegar a otro punto con unas espectaculares vistas,un lugar dominado por una estatua de cuerpo entero que resultó ser de Alfonso VI.
Subimos hasta el Pico das Cruzinhas que además de tener unas buenas vistas de Angra, alberga piezas antiguas de artillería antiaérea de la 2ª Guerra Mundial y el monumento al V Centenario de la colonización de Terceíra, mientras tanto Josef disfrutaba contándonos historias de su ciudad.Terminamos nuestro recorrido cerca de la  Catedral del Salvador donde nos despedimos de Josef. Eran las dos y media y habíamos reservado para comer en un típico restaurante al lado del mar “Bieira Mar” donde nos dimos un pequeño homenaje, curiosa la sopa de pescado servida en el interior de una hogaza de pan y probamos también las lapas bravas, el marisco más popular de estas islas, de mayor tamaño que la lapa común que conocemos y de textura más tierna, se pueden comer crudas, pero nosotros, nos las comimos  grelhadas, asadas en una sartén con rejilla, cubiertas de una ligera salsa de ajo y guindilla, exquisitas.

        Después de comer aun dimos un último  paseo, unas vistas de la bahia, un curioso mercado de la ciudad  “Mercado Duque de BraganÇa“.

      Terminamos nuestra estancia en Terceira, en La Praça Velha sentados en una terraza enfrente del ayuntamiento viendo una actuación de un grupo de Jazz local.Al día siguiente partimos hacia nuestro siguiente destino, la isla de San Miguel, pero eso será otro post.
El COVID no ha impedido que sigamos con nuestras cenas de los jueves y con sus correspondiente partidas de Mentiroso, actualizo la estadística donde no figuran dos partidas sujetas a investigación.

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