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A 3 años de vivir en España

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Estoy a cumplir 3 años en España y estoy alcanzando un grado de satisfacción conmigo mismo, más que con la situación que se vive en España. Llegué con una beca completa que ahora mismo la echo de menos porque me hacía la vida más fácil.

A lo largo de estos tres años he comprendido que no soy el centro del mundo y que los sueños (algunos) no van como se espera o no se cumplen. Creí que la vida sería fácil por mi curriculum, que encontraría oportunidades y que la mayoría de cosas irían bien. Y estaba en lo cierto, he tenido que pasar por amargos momentos para que todo se diera, dentro de esto, el acompañamiento psicológico que ha sido el mejor regalo que la vida me ha podido dar. Ya no me preocupa demasiado lo que vaya a pasar en mi futuro porque por aquí voy ya, sobre la marcha.

IMG-20200615-WA0022Los dos primeros años fueron distintos, me dedicaba a estudiar y disfrutar: me dí a conocer en la investigación y el trabajo con migrantes y refugiados, posicionándome en puestos académicas y profesionales con un nivel de importancia significativo. Conocí personas geniales de todas partes del mundo, salía de fiesta, estaba muy cómodo, viajaba a varios países, vivía al máximo cada experiencia, me enamoraba, no dormía mucho, seguía siendo intenso con la vida misma, porque en España se vive bien si tienes los recursos necesarios y si también tienes los permisos administrativos para vivir.

Los amigos son un pilar importante para cualquier migrante. Conocer gente, tener intimidad, cosechar una relación duradera y cercana y dar lo mejor que puedo ha tenido una gran relevancia en mi proyecto migratorio que aún continúa. No habría tenido éxito ante los problemas sin el apoyo moral, los recursos materiales y el trabajo de personas a quienes considero como mis figuras de padres y madres que me cuidan del otro lado del charco: Sofía y Amparo (mis directoras del máster), Carles (director de la residencia estudiantil) y Chema (director del centro de prácticas). Además, de toda la gente buena y de confianza que se ha interesado por mí y con quienes hemos construido una bonita relación de amistad: amigos del Colegio Mayor Rector Peset, amigos de erasmus (de intercambio) de América, Europa y África, amigos del máster en migraciones y otros amigos y amigas que he ido conociendo. Sino fuera por todos ellos y ellas, mi vida no terminaría de tener luz y también estaría ahora mismo de vuelta en Guatemala con la sensación de que hubiera podido dar más.

Y no es que no me guste Guatemala, sino más bien, me encanta mi país, me gusta la gente que es amable y servicial, me gusta el clima, la comida y sobretodo mi familia. Sin embargo, a mi parecer, sería bastante agotador encajar de nuevo en una sociedad machista, violenta, corrupta, bastante conservadora y sobre todo anti LGTBI. Admiro mucho a los que están en Guatemala haciendo que esta realidad cambié y espero unírmeles en un futuro, porque podría haber continuado con mi trabajo en Guatemala, dando clases en la universidad, haciendo consultorías, trabajando en organizaciones sociales… incluso hubiera continuado con hacer carrera política. Pero, considero que no es mi tiempo aún en Guatemala, por eso trataré de crecer más en el extranjero y llevar a cabo mi proyecto de vida por el mundo.

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Por el momento circunstancial mis expectativas están un poco por debajo. Cuando vienes a Europa, te encuentras con un nivel de competencia bastante alto (compites con gente con varias maestrías, doctorados, de todas partes del mundo, jóvenes y adultos con mucha experiencia, europeos que se mueven por todos los países con posibilidades de estudiar y trabajar), con un nivel de empleabilidad bastante bajo, especialmente en España, y con una sociedad racista (que en mi opinión España es una de las menos racistas de muchos países en la Unión Europea).

Si me preguntas ahora en qué pienso trabajar a corto plazo, te diría que de limpieza, de guardia, de cuidador o empleado doméstico… de lo que fuera, con tal de permanecer y ganar dinero. Soy voluntario en varios centros de atención a migrantes y refugiados, y he visto pasar químicos biólogos, profesores de universidad, abogados, ingenieros, etc., que estaban en búsqueda de trabajos aunque fueran de limpieza, de empleados domésticos, de obreros, o de cualquier cosa que les suministrara comida. Yo me he visto como uno de ellos y ya no me quejo. Ahora para mí, estoy en modo supervivencia.

En el último año, el confinamiento estricto en España, la preocupación por mi familia en Guatemala, mi renuncia a la beca que me daba todo, los robos de mis cosas más preciadas en mi casa, la falta de dinero y comida para todos los días durante la cuarentena, la falta de un hogar acogedor, actitudes racistas hacia mí por parte de la policía y personas comunes, la falta de trabajo, la burocracia de las oficinas de extranjería para obtener papeles y que me dejaran trabajar, las personas que se aprovecharon de mí, explotándome con trabajos muy mal pagados y los que lo hicieron agrediéndome sexualmente, además, de mi actitud de víctima y mi maleta de heridas personales, me hicieron verme “solo” en una situación triste y sin escapatoria. Tenía mucho miedo y ansiedad.

Sin embargo, todo lo anterior tuvo un objetivo: que colapsara e hiciera algo a favor de mí mismo. Así que inicié terapia con un especialista muy bueno y más allá de todos los problemas que ido pasando, me siento mejor conmigo mismo, más cuidado por mí, sin tanta preocupación por lo que no controlo del entorno ni de las circunstancias. Estoy más integrado y organizado para afrontar estos retos. Además, a lo largo de estos años he reestructurado de una mejor forma mi relación y visión de Dios, y me siento más feliz. Estoy más contento con lo que soy y tengo un poco más de esperanza.

Antes me veía como una víctima, pero ahora me veo más como un protagonista.

Almenara

¿Y mi futuro? Ahora mismo no lo sé. He tenido algunas oportunidades de moverme a otras ciudades y países, para trabajar con contrato de trabajo en mi especialidad en Alemania o para hacer trabajos de investigación en programas de doctorados en algunos países de Europa, pero la vida me dice que por aquí es el camino mientras tanto.

 

Para mí, la vida no me da casualidades, sino más bien todos los recursos para que alcance un mayor bienestar emocional. Sé que esto me está ayudando a crecer y fortalecerme para algo más grande en el futuro, tal como ha venido sucediendo desde chico.

Siempre he pensado que la migración no es para todos y que solo los fuertes llegan lejos. Yo intentaré ser de esos fuertes hasta donde pueda. Miles de personas solo buscamos una mejor vida y lo intentamos de la forma que podemos. Además, muchas de las personas migrantes que conozco no han tenido tanta suerte como yo la he tenido, y han logrado mucho. Mis objetivos los alcanzaré de alguna manera y mientras tanto estoy saboreando con todos mis sentidos y pensamientos este proceso migratorio que también en momentos se torna amargo.

Puedo decir que mi situación personal va mejorando en estos momentos y me siento mucho mejor para hacer frente a la vida fuera de mi país. Y algún día volveré a leer esta publicación, en un entorno seguro, estable y con muchas metas alcanzadas y por alcanzar.

La vida me parece aún más bonita.

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