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“Aquí todo es rico y chevere”

Treinta de enero, fecha caótica en todo el mundo. Casi doce horas de estar arriba de un colectivo. Lo único que queríamos era llegar. Pero resulta que el destino no era el esperado, sino a 5 km. Pero la pú. Otro motivo para recordar en el próximo viaje, el organizar las cosas de antemano y evitar estos tipos de improvistos. Finalmente caímos con este hotel cuya traducción era “Colina feliz”. Un tanto infantil me pareció pero solo al final de la estadía comprendí que el nombre asignado era el indicado. Ese lugar no era más que un paradero donde todo visitante se siente en casa. Cuenta con instalaciones como una pileta climatizada, desayuno incluido y un quinchito donde tienen lugar algunos sillones con vista al mar. Pero lo más valioso que tiene Happy Hill sin duda son sus propietarios. La familia Ramos, o más bien mi familia ecuatoriana como me gusta considerarla. Su padre no fue más que un cajón de anécdotas interesantes que yo escuchaba con mucho interés. Álvaro, nuestro ángel de la guarda. Desde el momento que pisamos su casa, nos abrió sus brazos y no nos soltó. A su lado, nos sentimos contenidas, protegidas y queridas. La confianza maduró de forma primaveral. Gabriel y su novia, la Pritty fueron el complemento de diversión. Priscilla había vivido en la Argentina entonces no tardamos en adoptarla como nuestra amiga. Teníamos muchos temas en común y por esas típicas cuestiones femeninas, la afinidad “pegó el estirón”. Gabriel era la cuota de risa que le dábamos al día. Joven, de espíritu libre, tenía grandes aspiraciones de convertirse en piloto en Estados Unidos. Y hasta donde tuvimos contacto, ya está en camino cumpliendo su sueño. Por último, Gonchi, o Kung Fu Panda como lo apodamos. Mezcla entre ternura y gran corazón. Por más de ser una persona colgada, a nosotras nos dedicaba una enorme atención. Gracias a todos ellos, comenzamos un año sintiéndonos en familia, cómodas y felices de habernos topado con tal paraíso. Nos impresionó el trato de reinas que nos brindaron. De verdad, que era un lugar cálido y acogedor, donde podíamos descansar y confiar. Fue mi lugar preferido en todo Ecuador porque realmente pude disfrutar. Me costó muchísimo despedirme. A la vuelta aprendí, que un viaje no siempre se trata de los lugares lindos que visitas, sino de las grandes personas que conocés. Si tengo que elegir y quedarme con un solo recuerdo del viaje, sin duda elijo a la Colina Feliz. ImageCrédito: FRG

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